ANDREA BARRIOS
Providencia, mayo de 2018

Andrea Barrios realiza obras complejas y de gran tamaño a partir de una delicada técnica personal que ha perfeccionado a lo largo de los años. Gracias a una cuidada atención al color y de una capacidad analítica y de abstracción admirable, estudia la percepción de la visión a partir de los pliegues de diversas capas de telas y combinaciones de colores.

Andrea Barrios vive y trabaja en un edificio de Providencia. Al cruzar la puerta de entrada a su departamento podemos tener, rápidamente, una idea de la creatividad y productividad de su dueña. Nos comenta que hace poco tuvo una venta de taller en su casa y que por eso tenemos la suerte de ver desplegados en el living algunos de sus trabajos, en donde es posible observar cada una de las etapas que la artista ha venido desarrollando en estos últimos años, cosiendo, plegando y cortando. Después de observar con detenimiento las piezas, comenzamos nuestra conversación. 

CT: Cuéntanos un poco cómo empezaste a desarrollar tu cuerpo de trabajo.

AB: Todo esto empezó porque quería quería lograr representar efectos cinéticos mediante el uso del soporte textil. A fines del 2009 estaba haciendo accesorios en tela. Ahí empecé a hacer texturas en pequeño formato, que resultaban en brazaletes y cosas así. Al verlos, la mamá de una amiga me dice “Andre, ¡deberías hacer esto grande, como para la pared!” Entonces hice una serie un poco más grande y en eso empezaron a surgir cosas. Esas primeras piezas tienen cortes y costuras intermedias. La tela está cortada y plegada, y el pliegue está sostenido por una costura. Si se fijan bien, el corte va en la mitad…

 

CT: Ahhhh, perfecto.

AB: Cuando empecé a hacer pruebas y a entender los procesos textiles, me di cuenta que necesitaba  informarme, que es algo que siempre hago, y en ese proceso llegué a la obra de Carlos Cruz Diez. Cuando la vi no sabía cómo realizaba su trabajo y me llamó la atención su idea del “arte participativo”. Es decir, que se requiere de la participación activa del público que va a mirar la obra para que esta se complete de algún modo. Al recorrer su obra ¡uno se da cuenta de que cambia de color! ¡Y es como de no creer! Y me preguntaba y me preguntaba ¿cómo lo hace? De hecho, la primera vez que lo vi en vivo fue hace pocos años y el tipo de la galería me miraba así como “y a esta loca ¿qué le pasa?”

Entonces, volviendo al tema, me dije “voy a hacer un holograma de tela ¡pero para eso la tela tiene que estar suelta!” No sé, de algún modo pensé “no puede estar tan rígida, porque si está la costura, ¡no puedo lograr el efecto que quiero!” Ahí me di cuenta que tenía que liberar la costura, entonces las primeras pruebas fue seguir cortando al medio, plegando, sin coser, y me di cuenta que eso no resultaba, salvo que las telas fueran muy, muy, muy delgadas, tipo batista. ¿Por qué? Porque la tela, si la doblas, va generando volumen, entonces finalmente, ¿qué hacer? si el pliegue es muy corto, se abre. Ahí me di cuenta que tenía que usar otro tipo de tijeras, porque el corte no podía ser al medio, el corte tenía que ser muy preciso … ay, ya, después de mucho investigarlo, como dos milímetros y medio del borde de la costura, ¿cachai?

 

CT: ¡Nooooo! ¿Cómo tan exacto? O sea, ¡has mejorado la técnica a un nivel magistral!

AB: Parece que sí –sonríe, mientras nos sigue explicando. Finalmente, eliminé el hilo, de la costura superior. Fue un proceso largoooo.

 

CT: ¿Y por qué textil Andrea, y no otra manifestación, otro material, otro medio?

AB: Mmm… a ver… no sé si tengo una respuesta tan clara, yo creo que siempre estuve relacionada a los textiles porque mi abuelo era sastre. Creo que algo en mí no quería asumir que a mí me gustaban las telas. Pero me di cuenta que este era mi material, se me hace natural.

 

CT: ¿Nos podrías contar de tu formación?

AB: Mi formación académica es súper desordenada. Estudié historia del arte en la Chile, después hice un año de grabado ahí mismo. De ahí entré a arquitectura en la PUC. De ahí viene el corte y el pliegue, porque el primer año de arquitectura era solo corte y pliegue, ese era el concepto principal: “haz una plaza: corte y pliegue”, “haz no sé qué: corte y pliegue”, “un edificio, trabaja la luz” y era corte y pliegue, “cómo sacar un bloque de adentro para que se haga…” no sé, ¿cachai? Todo tenía que ver con cortar y plegar. Ahí me di cuenta que era una herramienta. Después suspendí por un tiempo y cuando quise volver a arquitectura no pude. Ahí, pensando, me pregunté “¿qué hago?” y entendí que arquitectura ya me había entregado algo importante, que era esta nueva manera de ver ¡todo lo puedes imaginar cortando y plegando! Yo miraba las plazas ¡y te juro que me pasaba eso! Al principio era un mundo cortar y plegar, y también yo creo que lo sentí muy propio, porque, en el fondo, el acto de cortar, el romper, eeh… es algo que estás desarmando… pero se está transformando en otra cosa, creo que eso tiene una parte de belleza; yo sentía que era también algo personal, porque romper es una herida, pero igual el resultado final es mejor de lo que había antes.

 

CT: Es bonita esa metáfora

AB: A mí me gusta eso, siento que mi trabajo es una metáfora de mis experiencias de vida. Bueno, siguiendo con mis andanzas… después de ese paso por arquitectura hice por un año una pasantía de restauración en CREA y ahí descubrí que tenía un don con el color. No puedo decir que siempre pinté, siempre he hecho cosas plásticas, pero en realidad no me había dado cuenta que tenía esa facilidad hasta ese momento. No sé… si estás restaurando tienes que hacer los colores, ¡y no me costaba nada hacer un color!

 

CT: Era natural, qué buen descubrimiento.

AB: ¡Súper natural! Mientras realicé la pasantía en restauración participé de un seminario de reintegración cromática y descubrí que era buena en ello. 

Me gustaba lo que estaba haciendo, pero en un minuto apareció este bichito: “no estoy haciendo nada mío, no estoy diciendo nada yo …”. Al final de la pasantía podía buscar pega por ese lado y fue “no, ¡en realidad necesito hacer algo yo! Algo que sea mío…”. Ahí empecé a meterme con textil. Ahí me puse a estudiar Corte y Confección, eso fue lo último que estudié. ¿¡Vieron qué largo y mezclado!?

 

CT: Pero es súper importante que menciones este recorrido, porque cada lugar te dio una respuesta a algo.

AB: Si, de hecho, soy súper abanderada de mi camino, porque… soy una autodidacta sumamente ordenada igual en el proceso.

 

CT: ¡Sí, obvio que sí! Oye, y en ese sentido ¿qué es lo que más te atrae de tu trabajo textil?

AB: ¡Qué nunca se acaba! Nunca pensé todo lo que uno podría llegar a hacer con el textil, tengo un montón de ideas y pequeñas pruebas y pienso “¿en qué minuto las voy a desarrollar?”

 

CT: Al ver tu trabajo podemos distinguir distintas series. ¿Cómo trabajas?

AB: Soy media desordenada, generalmente me dedico un rato a algo y de ahí sigo con otra cosa. Por ejemplo, llevo dos años en una serie, y de repente en la mitad empiezo a hacer otra cosa; entonces, paralelo a eso, estoy haciendo esto otro.

 

CT: Pero igual dos años es un buen plazo… de pensar a largo aliento.

AB: De hecho, lo máximo que me demoro en una serie es como dos años, porque tengo ganas de seguir haciendo otra cosa, no es que sienta que llegó un punto que ya no da, pero soy demasiado inquieta como para quedarme tanto rato pegada.

 

CT: Volvamos por un momento a cómo desarrollas tu trabajo.

AB: Lo primero que hago, es trazar líneas que me van a servir de guía para el ángulo de los cortes, de los pliegues, ¿ya? Eso me permite dividir y seccionar la tela y a partir de ese proceso, pongo muuuchooooos alfileres. Piensa que para sostener un paño, ponte tú, se necesitan fácil 500 alfileres ¿por qué? porque si no sostengo la tela a este nivel se pueden correr las líneas con la fricción. Entonces, pongo todos los alfileres, ta-ta-ta, ta-ta-ta, a una distancia porque después tengo que meter el paño con los alfileres a la máquina de coser. Entonces desarrollé una técnica para coser estos paños gigantes. Siempre va a estar la línea y van a estar los alfileres, tac-tac, y cuando ya tengo todos los alfileres sujetando, pero sin atravesar la tela ¡comienzo! Parto por el centro y voy fijando los alfileres, por fila, en todas las direcciones. De ese modo, la fricción que llegue a tener el paño será pareja. En relación al tipo de tela que utilizo todas comparten una estructura similar, rígida y  con la mayor cantidad de algodón posible, jamás utilizo telas elasticadas.

 

CT: ¡Mucha práctica!

AB: Mientras más necesito afirmarla, más alfileres utilizo, y las dimensiones que puedo trabajar para que pase por la máquina, ya sé más o menos cuánto es, no puedo superar el 1.80 mt de ancho. Ya tengo todo medido, con mis dedos ya sé cuáles son las medidas. Después enrollo y me queda un lulo, y este lulo que me queda, que en realidad es doble y puede tener un largo de 2 metros, ese es el que pasa por la máquina.

 

CT: ¡Estamos demasiado sorprendidas! ¡Qué trabajo, Andrea!

AB: Y bueno, ahí parto haciendo la costura, que son las líneas que marqué al principio.

 

CT: Oye, y bueno, al final los cortes dan lo mismo, ¿no? porque son al sesgo, ¿verdad?

AB: Noooooo, a ver, ¿qué corte? Aquí no hay ni una cosa azarosa, mija –nos dice, entre risas. Piensa que yo diseño en el computador.

 

CT: ¡Es todo muy perfecto!

AB: Bueno, no me puedo distraer, no uso teléfono… Si les digo todas estas cosas es porque, en el fondo, sé que si me equivoco, la cago, ¡la cago!

 

CT: Tenís que estar súper concentrada, no tienes espacio para el error.

AB: Claro. Me demoro mucho, mucho, en el diseño. El proyectar la obra es parte importante del proceso. Y me tengo que demorar porque no me puedo equivocar. Pasa lo mismo con los colores que voy a escoger. Generalmente hago estas mismas cositas de prueba, hago miles, necesito ir probando las posibles combinaciones de los colores.

 

CT: Y… ¿cómo vas trabajando las capas? de eso no hemos hablado.

AB: Depende de la obra la cantidad de capas. El máximo de capas que he trabajado es siete, creo que nunca he superado las siete capas. Cuando empecé a trabajar, ¡no podía creer el resultado! Te juro, sobre todo cuando empecé a planchar los primeros trabajos. ¡Esa es la parte entretenida! Todos los procesos tienen ciertas características, coser, ponte tú, ¡qué lata! Pero no es porque no me guste coser. Lo que me da lata es que el proceso requiere que esté literalmente pegada a la máquina. Me siento, me paro, me siento, me paro y así… fácil durante ocho horas seguidas sin detenerme y cosiendo puras líneas paralelas.

 

CT: Espérate, ¿tienes una máquina perfecta?

AB: En realidad es el pulso –comenta sin falsa modestia. Y bueno, no puedo interrumpir los procesos de trabajo.

 

CT: Ya, pero volvamos a los procesos que te gustan y los que no… o los que son más o menos lateros.

AB: Ah, coser, ya, coser se torna latero porque en el fondo son demasiadas horas que estoy frita, porque no puedo hacer nada más, y sé que no voy a poder avanzar si no termino de coser. Como les decía antes, el proceso más maravilloso es cuando plancho, porque es cuando veo que el resultado que diseñé en el computador aparece. Es el momento en que veo lo que verá el espectador cuando mire por primera vez la obra y se da cuenta de que la obra cambia de color ¡emoción total! Porque eso es parte también de lo que yo siento que tiene mi trabajo, que es una cosa lúdica ¡que estoy jugando! Y de ahí ya pasa lo más entretenido… –nos dice con sonrisa pícara, como si nos fuese a contar un secreto– que es parte de lo que me gusta y es que la gente no entiende que es tela.

 

CT: ¿No?

AB: ¡Nooo! ¡La mayoría de la gente piensa que es papel! Es el 80% de los comentarios que recibo en cualquier exposición.

 

CT: ¿En serio, como si fuera cartulina?

AB: Lo primero que piensan y me dicen: “¿es papel? ¿cómo lo cortas?”

 

CT: Woow y oye, ¿y los otros?, ¿los bordados grandes?

AB: Y de los bordados grandes… esas obras que yo las pienso un poco como 3D… ahí mi idea era mantener el mismo concepto de trabajo de las obras más cinéticas… Ya había descubierto que podía bordar, ya me había dado cuenta de que podía trabajar figura humana, y pensé “¿cómo puedo mezclar estas ideas que he venido desarrollando hace tanto tiempo en un nuevo lenguaje?” Ahí empecé a hacer estas pruebas de color primero, solamente de color. ¡Obviamente tengo hilos de todos los colores! Empecé haciendo pruebas, primero en un solo plano y en ese proceso quería observar cómo cambia el color al enfrentar hilos de colores distintos. Entonces le pegué unos hilos a una mica, y así fue, me di cuenta que cada color tenía que ir en una capa distinta. Entonces me pregunté: “¿cómo puedo hacer que un bordado sea 3D?” Entonces, cuento corto… genero una imagen en el computador, elijo ciertos colores que yo sé que van a perturbar al ojo… para que pase algo. Entonces ya sé que los colores que elija o el orden en que los distribuya va a producir una tonalidad. La idea es que si te paras en frente de uno de ellos por más de cinco minutos, no lo vas a poder seguir mirando, cansa la vista. Vas a tratar de enfocar y no podrás. ¡Ni las cámaras de foto enfocan!

 

CT: Claro, demás que si.

AB: Sacar una foto enfocada, te juro que es un parto. En todo caso siempre estoy desenfocando a propósito cuando estoy haciendo estas obras, porque si quiero que funcione mi vista regular no me lo va a permitir, entonces la única manera es que yo haga el ejercicio de engañar un poco la vista para que aparezcan las vibraciones del color.

 

Juntas, tratamos de desenfocar para percibir el movimento de la obra. Nos tomamos una pausa y después de unos minutos, Andrea sigue hablando:

 

En el fondo yo genero una imagen, la deconstruyo en distintas capas, voy cambiando los colores con el fin de generar combinaciones nuevas y para captar la atención del ojo de distintas formas. Por ejemplo, si tengo un naranjo y un negro, si los hilos naranjos están arriba, los hilos negros que están abajo hacen que el fondo se vea como dividido o cortado.

Pero si los invierto, el naranjo es el que calza, y al estar más cerca de esta otra capa de hilos verdes  se genera otro efecto. ¿Ven? –Y claro que vemos, desenfocamos y enfocamos para ver los efectos de los hilos. Y así, como pueden ver, sigo trabajando en esa constante de mi trabajo. Estas obras también las concibo como participativas, en este caso, puedes ver solo un conjunto de hilos, pero cuando entras en la lógica de la obra ves una unidad. z

Crónicas textiles presenta entrevistas, portafolios y episodios del arte textil contemporáneo en Chile.

Proyecto financiado por los Fondos de Cultura de Chile.

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