ANDREA FISCHER
Santiago, septiembre de 2018

Andrea Fischer combina diferentes técnicas en su obra textil: desde tapicería, tejido en faz de urdimbre y prefieltro, hasta instalaciones con técnica libre, a través de las cuales expresa temas relacionados con la tierra, la naturaleza y el origen. A la par, ha abordado la gestión cultural relacionada con el textil para reunir, convocar y difundir el arte textil chileno contemporáneo de manera local e internacional.

Andrea nos recibe una tarde de septiembre en una casa donde varios artistas comparten taller. Después de subir algunas escaleras llegamos a un cálido espacio de trabajo. En el taller está dispuesta parte de su obra y de manera muy ordenada una biblioteca con archivos sobre arte textil contemporáneo que Andrea ha ido reuniendo a lo largo de su trayectoria. Vamos revisando parte de su catálogo y entre anécdotas y una agradable conversación desarrollamos esta entrevista.

CT: ¿Nos puedes contar cómo llegaste al arte textil?

AF: Entré a estudiar arte el 76 a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, sin saber mucho a lo que entraba, sabía que era buena para el dibujo y eso sería todo. Me gustaba, sí, pero fundamentalmente fue por las habilidades. En segundo año había que tomar la especialidad y paseándome por todos los talleres de escultura, pintura, dibujo y grabado, entré a textil. En esa época se llamaba tapicería mural y estaba a cargo de María Teresa Riveros. Entré y ahí me quedé, eternamente pegada a la fibra, descubrí que sería mi medio de expresión. En el año 80 ya saliendo de la universidad empecé a exponer, incluso un poquito antes ya estábamos exponiendo porque hicimos una muestra en la Enoteca del cerro San Cristóbal, con todas las alumnas del taller de ese año. Esa fue mi primera muestra colectiva, el año 79. 

 

CT: ¿Les enseñaban tapicería o también teñido y otras técnicas? ¿Cómo eran los talleres?

AF: Sí, nos enseñaban teñidos diversos, tapicería, diferentes técnicas textiles y los telares semi industriales, que de hecho nunca me gustaron. El taller era un lugar súper interesante, siempre lleno de trabajos en el muro y en el espacio de diferentes alumnas de distintos niveles. Había mucho color y mucha fibra.


CT: ¿Cómo ha sido el progreso de tu trabajo, tu obra?

AF: Yo partí con tapicería, pero indagué en el volumen al tiro, de manera paralela. En volumen utilicé la técnica del macramé y así empecé a salir un poco del muro y con el tiempo me tiré al espacio de frentón.  A la par seguí con mucha tapicería de trabajos a pedido. Dentro de la faz de trama empecé a probar nuevas técnicas, me salí de la tapicería tradicional y seguí con trabajos de investigación y de mucha experimentación. De hecho, ahora tengo mis propias técnicas, de todo un proceso de trabajo de vida. En un momento empiezo a trabajar el tema de los nidos y ahí hice la separación total del muro y me fui a las instalaciones. 

 

CT: Y una obra como esta, como Machu Picchu ¿cómo fue recibida al principio? La mezcla del macramé y la tapicería es poco usual, ¿no?

AF: Yo tampoco lo he visto en nadie, he visto mucho macramé por ejemplo en el trabajo de Ester Chacón, una mujer un poco mayor que yo, excelente artista, que hace  rostros de macramé entre otras cosas. Pero, la idea de  juntar estas distintas técnicas no se había visto antes. Luego experimenté en los 90 juntar otras dos técnicas, faz de urdimbre con faz de trama.

 

CT: Te preguntamos, de modo especial, porque en ocasiones pasa que la tapicería es vista como un trabajo muy prístino, con una técnica que se repite y que no se sale de ahí. Por eso, nos imaginamos que la integración del macramé al interior del telar podía generar ruido desde un punto de vista tradicional. 

AF: Sí, la tapicería es muy respetuosa. A mí nunca me dijeron nada por estas mezclas, pero tampoco me importa, la verdad. Yo siempre subordiné cualquier técnica a mi obra, siempre he sido así, súper irreverente en ese sentido. No he tenido malas críticas al respecto, la gente sabe que soy distinta y punto. Las artistas textiles de la Universidad Católica, son de una vertiente distinta, en la Católica la gente que entra al arte textil contemporáneo, lo hace desde el diseño, tienen maestras maravillosas, con técnicas más académicas, mucho más rigurosas y sí más tradicionales en lo que es la técnica. Igual hay algunas que entran en la experimentación, pero es otro el foco, es diferente. Hay gente muy buena. Los artistas de la Universidad de Chile están en el arte desde el principio, hay más libertad de creación y experimentación, al menos en esas décadas. Carolina Irarrázaval y Lorena Lemunguier son dos buenos referentes de la escuela de la Chile.

 

CT: En tu trabajo se perciben como constantes temas asociados a la tierra, a la geografía…

AF: Totalmente, tierra, geografía, naturaleza, flora… La fibra vegetal es mi fibra, además ahí hay una diversidad que ni te explico, es impresionante. El crin vegetal, de la planta llamada pita, es muy áspera, muy tosca, así la trabajé en algunas obras, no la intervine casi nada y después ya hice lo que quise, mezclándola con sisal entre otras, esto produce un cierto tipo de surcos y relieves. También he trabajado con lino, cáñamo, yute y algodón, en sus diferentes estados,  y algo con fibras animales, seda y lana. También he trabajado con fibras sintéticas en algunas instalaciones.

 

CT: ¿Cómo son tus procesos de obra, trabajas siempre sola?

AF: Sí, siempre trabajo sola en lo creativo, soy mucho del hacer. Gran parte de mi obra la hago yo, aunque soy un poco ambiciosa, así que, cuando hago obras grandes o exposiciones individuales, en esas ocasiones si tengo mis ayudantes. Por ejemplo, como en esta obra que están viendo acá, que es un gran huevo. Es una obra muy versátil y su primer montaje fue en el Bellas Artes. Ese trabajo, a su vez, viene de una transformación anterior, de una obra que hice para Buenos Aires, gigantesca, una instalación en el cielo con miles de huevos tejidos. Luego pesqué todas esas piezas y las corté y planché e hice toda una tela nueva que después genera este huevo gigante. Después de eso viene el montaje en la galería La Sala el 2018, en que vuelvo a montar esta obra, pero de una manera totalmente distinta, no en el concepto, que sigue siendo uterino, el nido, la maternidad, sino en la forma. Ese montaje se llama Pasaje e incluyó luz led dentro del mismo material. Y bueno, quizás en unos años más sufra una nueva transformación.

 

CT: Es súper interesante el hecho de que no le tengas miedo a la transformación, de que puede ser en un momento una cosa, y después otra.

AF: Ah sí, es que ya he pasado por eso. Por ejemplo, con la instalación Ciclo vital que hice en el Bellas Artes el 96. Tiempo después, esa instalación pensada para el Salón Blanco del museo se dispuso en otra sala de la misma institución y fue absolutamente diferente. Me movió mucho instalarla distinto. En esa oportunidad, la instalé en una sala pintada entera de negro por lo que la iluminé bien y el resultado fue muy escenográfico. Después esa misma obra se fue a la estación Mapocho, y de nuevo era otra cosa y después se fue a la Trienal de Polonia. ¡Ahí sí que la sufrí! Cuando llegué a Łódź, la ciudad de la Trienal, que queda como a 120 km. de Varsovia, ya la habían montado bajo la supervisión del curador y a mí me dio ataque, te juro. Yo no hablaba polaco y mi inglés era malo, pero igual pedí hablar con el curador porque para mí fue súper fuerte ver un montaje tan diferente de mi trabajo. La obra tenía un bosque de varas, de atados de mimbre con algunas varas de hasta 4 metros de alto y en esa ocasión el techo del museo era más bajo. Todas las varas de mimbre quedaron pegadas al techo. Yo le mostraba fotos al curador de cómo tenía que ir y el tipo finalmente me dijo, ya está, esto es y después me mira a los ojos fijamente y me dice, "ábrete a la posibilidad de que tu obra sea montada de otra forma". Finalmente, la evolución fue muy bonita, me ayudó, hice todo el proceso y fue fantástico.

 

CT: ¡Qué bueno! ¡Qué buen desenlace! 

AF: Además llegué a Chile con premio, no lo podía creer. Fue grandioso. Fue una enseñanza maravillosa y ahí me solté. Cuando cambian de escenario tu obra, esta adquiere vida propia. Me pasó algo similar en un montaje en el Museo de Artes Visuales (MAVI), con otra instalación, ya había aprendido.

 

CT: El 96 fuiste al Bienal de Arte Contemporáneo de la Habana ¿cómo fue esa experiencia?

AF: La experiencia fue extraordinaria. Nunca había estado en una bienal de arte y con ese nivel. Yo fui invitada a dar una charla, fui a hablar del arte textil chileno contemporáneo. Esa invitación nace después de una exposición que hicimos en el Museo de Bellas Artes también el año 96. De esa exposición hicimos harta difusión y de ahí surge el interés de la invitación a Cuba.

Ese es el comienzo de todo mi bagaje en gestión cultural de arte textil. Antes de que Milan [Ivelic] se hiciera cargo del Museo de Bellas Artes, en el año 90 y tanto, lo eligen como agregado cultural en Ginebra, y antes de viajar me pidió que le organizara una exposición allá. Luego, seguimos generando cosas acá en Chile, por ejemplo, con la exposición del 2012 en Bellas Artes. Así partí con las curatorías, eso me hizo dejar un poco de lado mi taller, pero es que eso también es un tema: si tú te dedicas a la gestión, es muy difícil tener tiempo para el área creativa. Pero por otro lado siempre me llegan cosas, por ejemplo, la invitación a la galería La Sala, que expuse en junio del 2018. 

 

CT: ¿Cómo estuvo esa exposición?

AF: Bien, súper bien. Se trató de una exposición muy íntima, a pesar de ser colectiva. La galería invitó a 3 artistas a intervenir la galería, cada una trabajó un espacio dentro de la galería y buscamos un hilo común. Mi exposición tenía que ver con un duelo, en el que estoy aún, y en el que yo creo voy a estar toda mi vida, de un hijo mío, y fue centrado en eso, como un homenaje. Trabajar con él en mi taller fue muy sanador. Ahora nace otra invitación en el MAC de Valdivia a raíz de esa, entonces, ese es parte de mi proceso. 

 

CT: Este año fuiste al norte también, estuviste con la fundación Ona…

AF: Si, esa es otra patita, otra veta mía, que tiene más que ver con lo social, con lo patrimonial, con el rescate de técnicas y el trabajo con mujeres que por lo general saben más que yo, y que yo apoyo de otra manera. 

 

CT: ¿Cómo nace eso? 

AF: Eso nace a través de una experiencia anterior, cuando trabajé en una zona rural de Melipilla hacia la costa, con  la Vicaría de la Solaridad, hicimos hartos talleres, con muchas mujeres y distintas técnicas, arpillera, tejido a palillo, tejido a croché y teñido. Eso fue entre el 86 y el 90. También trabajé con una fundación alemana, la fundación Naumann, en Chapilca, enfocada en un proyecto muy especial para la fundación. En esa ocasión lo primero y más importante fue ganarme a las mujeres, estudiar el terreno, preparar el programa…  No es fácil, primero hay que hacer todo un acercamiento. Ahí también fueron 4 años, entre el 90 y el 94.

 

CT: En el caso de Chapilca ¿había todavía memoria del trabajo que había hecho Paulina Brugnoli entre el 68 y el 69?

AF: Sí, sí. Fue muy importante Paulina en Chapilca. La primera intervención en Chapilca fue por parte de INDAP, como en los años 60.  Tengo el referente de Bernardo, se me fue el nombre, un señor antes de Paulina y luego ella. Trabajamos artesanía tradicional y rescate de técnicas antiguas, en teñido natural y en telar. El rescate de las técnicas lo organicé yo, porque ellas son secas, no hay nada que enseñarles, todo lo contrario. Cuando fui, mi trabajo lo enfoqué en el teñido y en el diseño de las piezas. Hicimos algunas mejoras técnicas con algunas mujeres y rescatamos modelos de morrales, alforjas y piezas nuevas. De ahí, de todo el bagaje por ese lado, nace el trabajo con la fundación Ona. 

 

CT: ¡Qué bonito!

AF: Bonito, y aún continua. Vamos a trabajar en algo muy bueno, con arqueólogas y antropólogas y ahí soy la artista que entra al trabajo creativo y técnico, vamos a ver cómo evoluciona.

 

CT: Y cambiando un poco de tema, es conocido tu trabajo asociativo, de agrupación del sector textil, tanto en Chile como en el extranjero. ¿Nos puedes contar un poco más de Red Textilia y en qué consiste?

AF: Si, mira, Red Textilia se gestó en Costa Rica el año 2006, es una organización para promover la cultura textil iberoamericana. Ese año yo viajé a exponer a Costa Rica y antes de partir conversé con las directoras del evento, sobre todo con una, con la que hice buenas migas, Paulina Ortiz. Ella me incluyó en un proyecto que era hacer esta asociación para aprovechar la cantidad de países, como 6 u 8, que estaban presentes en esa ocasión. Yo sabía que me iba a involucrar, pero nunca pensé que iba a quedar como vicepresidenta. Salió así. Bueno, y lo armamos, con todos los estatutos, como organización de corte gremial, bajo las leyes de Costa Rica. Yo me quedé un buen tiempo allá y así continué mi trabajo en gestión cultural relacionada al textil. Yo ya tenía experiencia, había mandado exposiciones para afuera, con Milan [Ivelic] a Ginebra, ya habíamos hecho la muestra el 96 en el Museo de Bellas Artes y había sido parte de la directiva en el 83 de Arte Textil Contemporáneo con Carolina Irarrázaval, Margarita Zaldívar y Tita Rodríguez. La idea de Red Textilia, una agrupación iberoamericana de artistas textiles, me interesó muchísimo porque eran palabras mayores. Cuando regresé a Chile, observé que como grupo local no teníamos nada, cada una estaba en su nicho trabajando, ya que es un trabajo bastante solitario, pero yo siempre he tenido el interés de aglutinar, aglutinar, aglutinar.

 

CT: ¿Y así nace Chile Crea Textil?

AF: Claro, con Redtextilia habían muchas ganas de hacer cosas y estábamos con muchas proyecciones, sobre todo en Chile. Chile para ellos era un gran referente, yo quedé impresionada, para Costa Rica, Guatemala, México… A la vuelta de ese viaje pensé que entonces debíamos partir por casa y así comenzó. Empecé a organizar reuniones puntuales, una en la Católica, otra en la Universidad del Pacífico, invité a todos mis referentes, a todos los que yo conocía. Nos reunimos varias docentes, artistas y gente que estaba en gestión cultural. Invité a mucha gente y de ahí nace Chile Crea Textil en el 2007.

 

CT: Llevan harto rato trabajando…

AF: Sí, y ahora vienen tiempos nuevos para Chile Crea Textil, hemos incorporado a diseñadores y nuevos artistas textiles. De los diseñadores, están Patricio Salas, Luz Méndez, Paulina Figueroa y ellos conocen a mucha gente en su área. De los artistas están Claudia Sepúlveda, Montserrat Lira, Paz Lira, Marcela Polloni, que se acaba de integrar y ahí vienen varias más. También hay artistas visuales que se dedican al textil como Mana Espinoza y Cecilia Fernández que ahora entró de lleno en el textil con su hija y tienen un colectivo que se llama LIA. Como colaboradora está Carolina Irarrázaval, que me ayuda siempre como jurado entre otras, como Paulina Brugnoli, Inge Dusi, Soledad Hoces de la Guardia, cuando hacemos convocatorias o a elegir obras para mandar fuera. Chile Crea Textil, durante un tiempo, fue el asesor en Chile para la Trienal de Polonia. Se hacía una convocatoria de arte textil contemporáneo y un jurado elegía por nivel y así Chile siguió estando representado en la Trienal.

 

CT: ¿Tú dirías que la Trienal de Polonia es el referente más importante de arte textil?

AF: Yo diría que sí, hasta ahora. 

 

CT: ¿Después de Lausanne…?

AF: Bueno, es la continuación de Lausanne, pero los países bálticos son muy diferentes, en Lituania están pasando muchas cosas. Japón, también es muy importante, de mis favoritos. Bueno, y también está la bienal de la WTA (World Textile Art) que ahora viene la del 2019 en Madrid y me eligieron jurado…

 

CT: ¡Wow, que importante!

AF: Sí, entretenido.  ¿Qué otro referente importante existe? En España está aumentando el interés por el arte textil contemporáneo con la organización de la Bienal. Y bueno, Portugal, tiene algo que también es interesante, lo de ellos tiene que ver con el rescate de técnicas de tapicería, se está moviendo mucho a todo nivel. Y como referentes que tienen que ver más con el patrimonio y con la historia: México y Perú. 

Crónicas textiles presenta entrevistas, portafolios y episodios del arte textil contemporáneo en Chile.

Proyecto financiado por los Fondos de Cultura de Chile.

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