ARPILLERAS
Una denuncia material contra la opresión y la tortura
por Carolina Arévalo

El arte puede ser un poderoso medio de resistencia contra la opresión. Durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile (1973–1990), mujeres de barrios marginales, prisioneras políticas y familiares de detenidos desaparecidos crearon arpilleras, un arte textil que representaba la pobreza, la violencia y la coerción de la época. Muchos de estos textiles, considerados como propaganda en contra del régimen militar fueron destruidos, pero muchos otros sobrevivieron y fueron enviados y vendidos fuera del país. Esta crónica presenta algunos aspectos de la producción de las arpilleras y, en especial, destaca el rol de las mujeres en un contexto caracterizado por la opresión política. Las arpilleras mencionadas en este texto, forman parte de los fondos documentales del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (MMDH, Santiago, Chile).

La arpillera es una tela tradicionalmente utilizada para empacar papas. Como práctica textil, las obras realizadas a partir de este material se fabrican cosiendo diversos restos de tela sobre la arpillera, organizando y componiendo distintas imágenes que responden, por lo general, a las vidas de las mujeres durante los años de la dictadura. Después del Golpe de Estado en 1973, el modelo económico en Chile cambió abruptamente. La dictadura no sólo se tradujo en opresión, sino que también provocó la pérdida de empleos, el empobrecimiento de muchas familias y la destrucción de organizaciones sociales y políticas. En este contexto, algunas mujeres comenzaron a reunirse en grupos locales con el fin de crear arpilleras, amparadas, por lo general, por organizaciones sociales y religiosas como la Vicaría de la Solidaridad. En un principio, el objetivo principal de estos grupos era la obtención de ingresos económicos con la venta de las obras. Los temas seleccionados para los textiles estaban relacionados a la experiencia personal y estaban asociados, además, a la necesidad de denunciar los actos cometidos durante el régimen de Pinochet. Las escenas narradas con retazos de tela introducen la vida en las poblaciones, los comedores comunes, las lavanderías y los almacenes. También describen el desempleo, las huelgas, las torturas y las muertes.

 

Al principio, las denuncias se encriptaban debido al riesgo que implicaba la difusión de estos mensajes. Algunas veces, las arpilleristas agregaban un pequeño papel con la explicación de lo que representaba la arpillera, para así ayudar al comprador a entender su contenido.

 

Uno de estos mensajes, corresponde a la nota que acompañaba a la arpillera Almacenes. Como es posible observar, texto e imagen refuerzan la tradicional expectativa de género de que las madres alimenten a sus hijos y cuiden del hogar y la familia. Esta pieza forma parte del fondo documental de la Fundación Solidaridad, integrada por cuarenta y cinco arpilleras confeccionadas en los talleres y bolsas de trabajo de la Vicaría de la Solidaridad.

 

La composición de una arpillera puede contener una escena o un conjunto de escenas. Las arpilleristas utilizaban materiales como la lana, el algodón y el papel para crear diferentes texturas, volúmenes y detalles. Por ejemplo, este recurso fue aplicado comúnmente en la representación de la Cordillera de los Andes, imagen que se repite en muchas arpilleras, como un elemento constitutivo de identidad. En la arpillera Comedor infantil, pieza que forma parte del mismo fondo documental previamente mencionado, los colores fueron elegidos y situados por saturación y contraste: azules, rosados, amarillos, rojos y verdes. En los talleres se establecieron parámetros visuales y de composición relacionados a la cantidad de figuras, el contraste de las telas, la deconstrucción de las capas y la posición de los elementos. Se estandarizó el tamaño total de las obras y se asumió el bordado como técnica de unión de los retazos de telas. Las orillas comenzaron a terminarse con festón de lana y las piezas unidas al fondo de la obra fueron bordadas con cadeneta, puntada continua o discontinua. El ritmo de las escenas y las acciones plasmadas en las arpilleras se definen por estas características.

 

La dimensión artesanal de estos textiles está enraizada en la tradición a la cual pertenecen: las arpilleras tienen una fuerte influencia de la obra de Violeta Parra, quien en sus composiciones bordadas representaba escenas del folklore y de la vida en Chile de los años cincuenta y sesenta. Esta tradición fue continuada por las Bordadoras de Isla Negra, esposas de pescadores, madres y abuelas, quienes, motivadas también por problemas económicos, bordaron con lana arpilleras que representaban escenas cotidianas.

 

Junto a las mujeres organizadas en diversos talleres, las mujeres presas, detenidas por su pertenencia o vinculación a grupos de izquierda u organizaciones clandestinas de resistencia, también realizaron arpilleras. En ellas aparecen cárceles, centros de detención, protestas, represión, la violación de los derechos humanos y el exilio. CNI tortura, es una arpillera perteneciente al fondo documental Arpilleras de Chile, de la Fundación Helias y Carmen Alegría, que contiene veintisiete arpilleras reunidas por Eve de Bona, quien las exhibió prolongadamente durante la dictadura en México y la costa oeste de Estados Unidos. Esta arpillera representa la tortura física ejercida en la cárcel y en los centros de detención, siendo un testimonio de las violaciones a los derechos humanos. La escena introduce un enfrentamiento entre dos sujetos: torturado y torturador. Esta arpillera amplifica la convergencia de la opresión política y patriarcal en la forma de la tortura –sexual o no–, dependiendo del género de la persona torturada. La escena que está a la izquierda del textil enfatiza la dimensión sexual del cuerpo en dolor, representado a través de la tortura de una mujer cuyo cuerpo desnudo y de color rosado está acostado en una “cama” verde, marcando una clara diferencia con el hombre torturado vestido de negro, quien se encuentra fuera de la habitación delimitada por un fondo negro. En ese sentido, la habitación, la forma más simple de refugio, es una extensión del cuerpo y es, simultáneamente, una miniaturización del mundo. Entonces, la habitación no es sólo el lugar donde la tortura ocurre, también es una materialización de un mundo destruido. El espacio verde refuerza esta idea; en Chile, este color también se asocia con la vestimenta militar y policial. Por lo tanto, todos los elementos verdes (ropa, cama y personas) se pueden leer como parte del dominio de los torturadores. 

 

Un tercer grupo de arpilleristas estaba formado por familiares de detenidos desaparecidos, reunidos por organismos de derechos humanos en un intento por brindar a los familiares la oportunidad de acompañarse en torno a una actividad manual. Debido a su estado emocional, madres, hermanas, hijas y compañeras de los desaparecidos no podían bordar ni trabajar con agujas pequeñas –como consecuencia, el appliqué fue la técnica privilegiada para estas arpilleras. Asesinatos es una arpillera vertical que representa, a través de un bello y delicado trabajo manual, uno de los actos más crueles de la dictadura: la desaparición de cuerpos arrojándolos, desde helicópteros, al mar. Esta arpillera fue realizada en Linares y es parte del fondo documental PIDEE (Fundación de Protección a la lnfancia Dañada por los Estados de Emergencia), que consiste en 35 piezas.

 

La situación represiva en las provincias chilenas fue, por muchas razones, diferente a la situación vivida en la capital, Santiago. Las familias reprimidas tenían menos recursos legales y la asistencia de organismos o instituciones demoraba más en llegar. La dispersión de la población rural y la gran distancia de los centros de denuncia, ubicados en la ciudad, contribuyeron a su aislamiento. De vez en cuando, en las montañas o en las riberas, aparecían cuerpos de desaparecidos. Los aspectos fantasmales de las desapariciones desencadenaron una incapacidad individual y colectiva para procesar la violencia del Estado y hacerla real. Muchas de las mujeres familiares de detenidos desaparecidos en espacios rurales eran agricultoras, y se sentían inseguras al dibujar, por lo que comenzaron a trabajar colectivamente, apoyándose entre ellas. También realizaron piezas comunitarias. El trabajo terapéutico condujo estos talleres e incluso a veces realizaban paseos de corta duración para observar la naturaleza y su entorno.

 

La creación de arpilleras fue esencial para articular y transmitir la historia de sus creadoras. Estos textiles tienen una función testimonial y son parte, hoy, de la memoria colectiva. Ellos representan, también, un índice cultural en cuanto son artefactos que expresan las creencias de una comunidad particular, en una sociedad específica, en un momento dado. Son expresiones culturales y su valor también reside en su condición histórica y su representatividad. Para las arpilleristas, este trabajo significó desarrollar una conciencia social, particularmente relacionada a la necesidad de justicia. La producción de las arpilleras está definida por su naturaleza colectiva. A través de ellas, un mundo orientado a la solidaridad sobrevivió, en los años de la dictadura, a pesar de la promoción del individualismo y el consumismo. z

 

 

Para seguir leyendo sobre las arpilleras:

Adams, Jacqueline. Art Against Dictatorship. Making and Exporting Arpilleras Under Pinochet. Austin: University of Texas Press, 2013.

Agosín, Marjorie. “Agujas que hablan: las arpilleristas chilenas”, en Revista Iberoamericana 51, no. 132 (1985).

Sánchez, Verónica, María Luisa Ortiz y Soledad Aguirre. Arpilleras: colección del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Santiago: Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, 2012.

 

Para citar esta crónica:

Arévalo, Carolina. “Arpilleras. Una denuncia material contra la opresión y la tortura”, consultado  [incluir fecha], https://www.cronicastextiles.com/arpilleras.

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