CARLOS ARIAS
Retrato Carlos Arias
Cholula, febrero de 2018

Carlos Arias, de formación pintor, tomó por primera vez el hilo y la aguja en la década de los 90.  Sus bordados, conocidos por relativizar las jerarquías del arte, problematizar la noción de autoría y visibilizar temas de la política, la construcción de la sexualidad, el género y lo indígena, rápidamente se convirtieron en un punto de referencia para el arte latinoamericano de los 90 y 2000. Transitando entre la pintura y el bordado, ha construido una sólida carrera artística que combina con la docencia universitaria.

Una mañana de febrero visitamos el taller de Carlos Arias en México. Desde hace ya varios años el artista vive en Cholula, una pequeña ciudad en el estado de Puebla. Para llegar a su casa-taller atravesamos la ciudad, la que se fue construyendo alrededor de un complejo arqueológico. En el camino, nuestra atención fue capturada por la Tlachihualtépetl, una gran pirámide dedicada a Quetzaltcoatl. En el siglo XVI, los españoles construyeron en su cima el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios. Hacia el horizonte y completando esa vista extraordinaria, el volcán Popocatépetl, conocido también por los mexicanos como don Goyo. Un palimpsesto de realidades y tiempos, condesado en Cholula y sus alrededores, es el escenario en el que transcurre la vida de Carlos Arias.

La casa-taller que comparte con Rip, su pareja, un coreógrafo norteamericano, es un edificio proyectado para vivir y trabajar con tranquilidad; es cómoda, luminosa y silenciosa. Artesanías, recuerdos familiares, libros y obras de Carlos y de amigos se encuentran por doquier. Estos objetos son la puerta de entrada a su universo artístico.

El taller tiene una planta rectangular de doble altura. Apenas entramos, Carlos despliega en el suelo un bordado en el que está trabajando en esos momentos. Nos cuenta, con voz ronca y seductora, que lo que estamos viendo es un bordado de Pahuatlán, un pueblo en la sierra, el que está pacientemente interviniendo. Mientras lo observamos en detalle, nos explica que uno de sus intereses, el que va más allá de un medio específico como la pintura o el bordado, es ir desdibujando los límites de la autoría:

Carlos Arias:  Al tratar de ligar la pintura con el bordado, hay varios asuntos de la síntesis de la forma en los animales de Pahuatlán que nos hacen pensar en formas primitivas o básicas.  Primitiva no me gusta, digamos básica… es un modo de observar y dar cuenta de la naturaleza, que se transmite a través de historias. Yo a través de mi obra trato de vincular estas relaciones de forma, y que son cosas que yo me auto-cito de pinturas de mucho antes. La idea, para mí, es lograr que de aquí a un mediano o largo plazo eso se vea. Que se vea la apropiación indígena en la pintura, en el bordado… así de alguna manera se hace un cuerpo de obra en donde no es tan importante si esto es un bordado, un collage o es una apropiación… me interesa borrar un poco el tema de la autoría y de la factura para generar una sensación de atemporalidad.

 

Prende un cigarro, se detiene unos segundos y nos sigue contando:

 

CA:   Lo interesante de mi trabajo y del boom que ha tenido es que es una obra que hice hace más de veinte años. Lo que está pasando ahorita, el tema de la apropiación, el tema de la manualidad, todo ese tipo de situaciones, que son actuales digamos, algunos artistas ya las trabajamos desde los 90. No soy el único, somos varios.

Crónicas Textiles:   ¿Nos puedes contar entonces cómo o por qué comenzaste a bordar?

CA:   Mónica [Castillo] y yo, mi exmujer, coleccionábamos paños que venden en los mercados. Y me pasó que estaba pintando tanto que me cansé, entonces decidí hacer un cojín para la casa. Pero después, cuando me di cuenta que era tanto trabajo hacer el cojín, decidí que ese cojín se tenía que convertir en una obra de arte, entonces pinté un cuadro para colgar el cojín… eso fue el año 91. Después seguí pintando y el 94 decidí hacer una intervención de una pieza indígena y después con esa idea se me ocurrió otra idea de hacer otro bordado y ahí me di cuenta que tenía que dejar de pintar, porque era mucho trabajo y muy lento y tenía tantas ideas que había que dejar la pintura y dedicarse a bordar. La verdad, el bordado comenzó como un asunto doméstico-terapéutico. Todo el mundo creía que yo cínicamente me había puesto a bordar por una opción conceptual, de cambio, que había traicionado a la pintura, que la había abandonado –dice, mientras esboza una sonrisa. En el año 2000 expuse en Chile en la Galería Animal, ahí empecé a trabajar con hilos, pompones, piezas indígenas, como una forma más escultórica del hilo hasta el 2004 que regresé a pintar. Realmente no volví a bordar hasta el 2011.

CT:   ¿Volviste a bordar para preparar la serie que presentaste en la Galería Marso en Ciudad de México?

CA:   En parte, si, empecé con una serie que se llama “La familia”. Fue un poco terapéutico; antes de que muriera mi madre, en mi trabajo en la universidad, hubo un periodo en que me obligaron a estar muy presente y estaba encerrado en el cubículo. Entonces me llevé un bordado y me puse a hacer un bordado lo más lento que se pudiera, por lo que hice un bordado con un punto muy fino, muy laborioso, e hice el retrato de Carlos Lagarrigue con mi madre y mi tía. Y después de eso, cuando murió mi madre, tenía una imagen del moribundo y dije … me voy a quitar esa imagen haciendo bordados de fotos de la familia.

CT: Y dejaste de bordar porque te dieron más ganas de pintar, o porque sentiste que se había agotado…

CA: Se había agotado. Para mí, lo interesante de mi práctica es que mi obra es de largo aliento, a diferencia de la de otros artistas que estaban en el mercado en los 90 en la transición hacia los 2000, con el cambio hacia el arte más neoconceptual, video, instalación, performance… muchos de ellos, no todos, se fueron adaptando al mercado, hicieron un giro, entonces no tuvieron ese largo aliento. Pero en general, como yo no trabajé en el mercado del arte, sino como trabajé de profesor, nunca viví del arte, por lo que logré seguir con el bordado, dejar de bordar, volver a bordar… Ese largo aliento se hizo mucho más largo y ya lleva 25 años, entonces le da un peso y una densidad. Evidentemente se nota que soy un artista que me formé en los 80, no hay como negar eso, pero si hay un cierto sentido de atemporalidad en mi obra.

CT:   Carlos ¿por qué volviste a Chile a estudiar arte? Porque estabas en México ¿o no?

CA:    Ay, porque mis padres querían regresarse y como que seguimos todo el tiempo pensando que “la dictadura va a durar dos años” y son 2 y 2 y 2…  y tengo la idea de “Chile, Chile, Chile” y dije “¡ya, necesito ir a Chile, para saber lo que es Chile!” Entonces me fui a Chile.

 

Mientras nos va mostrando el taller y vamos conversando sobre sus pinturas y bordados recientes, le preguntamos por los materiales que utiliza para bordar y si ellos significan algo en términos metafóricos. Como si estuviese esperando la pregunta, nos responde rápidamente para despejar cualquier duda:

CA:   Me ha pasado en dos ocasiones que me han invitado a exposiciones en donde mi obra no tiene nada que ver con el concepto… y el tema del hilo… ¡a mí el hilo me vale madres! El hilo no es mi rollo… si yo tengo una columna de hilo es porque es una estructura sólida de hilo, el muro de hilo –como el que mostró en Galería Marso – es porque quería hablar sobre el silencio… entonces el tema del hilo, la costura y el hilván no me interesó, siempre me interesó más la imagen, o las cualidades visuales del hilo, o el esconder la imagen…

Continuando con esa reflexión, le preguntamos sobre Brocado, una obra del año 97 que se ha constituido, al observar su trabajo, en una especie de bisagra conceptual y material que conecta pintura y bordado.

 

CA:  Esa pieza, que está hecha sobre un brocado francés, industrial, tiene una idea de patrón de un canon que se repite, y lo que hice yo fue eliminar los colores fríos. Tiene bastante trabajo, pero no tiene tanto como la gente cree porque parece que todo está trabajado, pero lo que hace es que la figura está flotando, entonces da una especie de sensación de bi-tridimensión. Y yo siempre insisto como profesor que la pintura es bidimensional y que es plana y que no tiene profundidad, que no existe la profundidad: eso es falso. Si tú analizas mi pintura ella nunca tiene en su representación más de dos metros de profundidad. Y en esta investigación que yo hago sobre el espacio, ahí se puede entender que Brocado tiene un aspecto muy pictórico y entonces de alguna manera se puede decir que mi bordado proviene de la pintura y que después mi bordado tiene una cosa muy lenta y doméstica y anónima y eso se cruza con todo el interés de los 90 en el tema de la autoría, que es un poco lo que trabaja Francis Alys, por ejemplo. Y entonces tengo de alguna manera la suerte de tener una raíz muy académica y muy formal, pero por otra parte tengo esa cosa más conceptual y política que cruza varias situaciones: el asunto de género, el asunto del arte culto y el arte popular, el asunto de la autoría.

CT:   Hay límites, bordes que se van borrando entonces, no solo el de la autoría, sino también el de la pintura y el bordado, como nos estabas comentando antes.

CA: Claro. A mí me interesa mucho más el tema del limes, como fronteras, bordes. Por ejemplo, el límite en la apropiación: qué parte está hecha por mí y qué parte está hecha por el otro, o en qué parte soy un ser masculino, que está formado como heterosexual, que, aunque seas gay sigues comportándote como hetero dentro del mundo gay, que es lo que está muy criticado actualmente, la imagen del hombre gay tiene que ser un tipo viril.

En ese sentido son bordes, fronteras que se van abriendo entre el género masculino, hetero y al mismo tiempo gay, o lo indígena y lo mío, o abstracción y figuración, o sexualidad – biología, cánones establecidos.

 

Siguiendo el hilo de esa reflexión, nos habla también del ego y de la sorpresa que le causa el mundo contemporáneo de las redes sociales a través de la persistencia de exhibir la vida y, sobre todo, el dominio de la selfie. Atendiendo al culto del ego, ha ido explorando más en ese registro, bordando un correo elogioso sobre su obra que la escritora argentina Tununa Mercado le envió hace un tiempo o bordando los nombres de los artistas que le gustan.

CT:  ¿Esos los tienes acá, los podemos ver?

CA:  Si, los tengo arriba, subamos –al segundo piso del taller.

 

Los bordados de los artistas favoritos son de pequeño formato. Mientras los distribuye en el suelo, los vamos leyendo, reímos, comentamos los nombres y hacemos nuestras propias listas imaginarias…

 

CA: Hay otro que no está aquí que dice “Carlos Amorales”, ese ya se lo regalé a él. Pero ¿ves? me autopuse… –y se ríe. Me falta poner a Albers, Rosa Vicuña. Este me gusta mucho porque nadie sabe quién es Mercedes Pardo…

CT:  No! no sabemos quién es.

CA: Si no tienen por qué saber quién es. Es una artista súper famosa de los 70, una artista abstracta venezolana magnífica. Yo vi una exposición de ella en el Museo de Arte Moderno en el 78 o 80. Tengo el catálogo por ahí. Pero lo divertido es que la gente no sabe y va a google. En el fondo, la idea del bordado es la de no procurar tu memoria. El bordado solo hace una pregunta, hace que vayas y la busques. Mira… esta es Mercedes Pardo –comenta mientras toma el catálogo de una estantería cercana y da vuelta sus páginas lentamente. Es muy buena, está en la colección del MAM. Pero ya… es mujer, no es Botero. Las mujeres siempre han sido borradas, es impresionante.

Ahora quería mostrarles esto de acá… Jornadas. Esta es la pieza más… –y toma aire sin terminar la frase. Ayer aspiré específicamente para extenderla en el suelo.

 

Jornadas es una de la obra más conocidas y paradigmáticas de Carlos. Es una gran tela, de más de 20 metros de largo, que registra su vida y la de su gente como si fuera un diario de vida. Bordada de modo intermitente desde mediados de los 90, van apareciendo en ella árboles genealógicos, retratos, viajes, nombres de amigos, constelaciones afectivas, culturales y políticas. Delicadamente, Carlos deja el rollo de tela en el suelo y comienza a desenrollarlo. Se detiene por un momento y nos cuenta:

CA: Es una sola tela, esa es la idea. La lavé en la tina de la casa, la colgué en la azotea, la planché entera para empezar a bordar, nunca limpio la tela antes de bordar, pero en este caso fue diferente… originalmente la idea de esta obra era que la tela se bordaba solamente si era invitada, si la obra recibía invitación, yo la bordaba. Por eso fue tan lento, que por muchos años no hice nada, pero después Rip con mucha inteligencia me dijo “porque no mejor todos los años le dedicas una temporada, una semana, dos, tres, un mes”. Y es lo que hice finalmente y el 70% está hecho por mí, pero ya al final la cantidad de muertos que hay son tantos, que una asistente el otro día me estuvo bordando los muertos.  Aunque he estado viajando mucho, la gente se sorprende porque en la zona de las ciudades parece que viajara mucho, pero en verdad no, porque yo he estado en Roma, pero en Roma cerca de San Fernando, Chile, nunca he ido a Roma Italia. Ahí estuve dos horas, una hora máxima. Pero hay lugares como Londres y al mismo tiempo Nealticán qué es un pueblo aquí en la sierra.

Jornadas es entonces como un diario. Al principio, aquí, lo primero, es un autorretrato, con una camisa que todavía tengo. Y lo acompañan 21 sentencias sobre el bordar o la obra de arte: “¿cuál es la función del artista en el mundo actual?”, y por ejemplo dice… “dónde comienza un trabajo y dónde termina”, “la escritura en proceso”… es más fácil leerlo del libro. Lo leo porque me gusta mucho como es…

Carlos busca en su libro-catálogo más reciente, El hilo de la vida (2016), y nos lee:  “dónde empieza un trabajo y dónde termina, escritura en proceso, una línea continua declaratoria. Dónde está la producción de una identidad, banalidad cómo femenino, lo doméstico no tiene lugar, lo cotidiano es doméstico, esta línea es una labor silenciosa, privada. Esta escritura es reflexiva, su mecánica es masculina, el acto es femenino, manualidad como arte. Qué tanto de flujo tiene lo masculino, torcerse, darse, verse es violatorio en la norma masculina. La individualidad es violatoria, pero por acuerdo social es ente elevado, no corruptor transgresor, sino expresión de libertad, por ende, lo que tiene que ser violado es la convención misma y no la definición de individuo.

Singularización de la diferencia, el amor por lo asexuado de la belleza, zona de contención; masculinidad, violación, edad, rol social. De la lengua caen las palabras. Zona de coito, sexo como compartimento, problema de cuerpo, identidad, paternidad, producción, consumo, ironía del sueño consigo mismo ¿A dónde quieres llegar? Zona de agresión, ¿qué espacio compartimos con lo indígena? El hilo aclara lo que confunde, la puntada entretiene al ojo, bordar es perder el hilo”. Levanta la mira y nos dice, “Es que Paul Valery escribió ‘pensar es perder el hilo’”.

CT: Esa frase de Valery es muy linda. Qué consciencia, constancia y paciencia la tuya...

CA:   Tengo mucha paciencia… dicen que tengo una paciencia infinita

CT: ¿Acá está tu familia no?

CA: Claro, ahí están los muertos. Al principio va la familia, de hecho, hay huecos vacíos, para los que están todavía. Tengo tres tíos vivos todavía.

CT: Entonces todos tienen su espacio asegurado…

CA: Es un registro. Son dos cosas. Por un lado, pienso que si uno registra la vida de uno, está hablando de uno, pero también está hablando de una época, está hablando de un entendimiento histórico. Pero por otro lado también tiene un sentido de documento, por ejemplo, este texto de aquí fue una publicación que hizo mi padre, que off the record mi padre era un gran científico. Él era un ingeniero civil que inventó una ecuación que se llama “Arias intensity factor”, gracias al AIF se han podido hacer las mega construcciones como el canal de la Mancha y todo ese tipo de cosas gigantescas, eso es lo que hacía mi padre. Entonces, yo sentía la obligación de que estuviera presente su texto, porque él era un tipo muy sencillo, muy humilde, siendo que fue un tipo que ayudó a transformar tecnológicamente el mundo a nivel mega. Él murió el 2002 y el año 2009 la BBC de Londres lo nombró como uno de los cinco latinoamericanos que cambiaron el mundo. Era muy divertido que mi mamá, en vez de decir Arturo por su marido, porque era viuda, decía “el BBC”.

Y este es mi abuelo que era un contestatario que escribió este libro, La tiranía en Chile,  que es donde habla contra todos los Errázuriz y todos estos Zañartus y contra toda esta gente que era como potentados de la época, del campo chileno. Y estos son los muertos, hasta me puse yo, porque no me voy a poder bordar…

CT: Es muy impresionante tu trabajo. Y, ¿cómo lo proyectas? ¿Haces un dibujo primero?

CA: Si, hago un dibujo con tinta.

 

CT: Juan Acha, Carlos Monsivais, Patricio Bunster, Carmen Waugh. Acá está gran parte de la historia.

CA:  Si, ahí está también José Ricardo Morales, José Balmes, Lemebel, Raquel Tibol, Natasha Fuentes que es la hija de Carlos Fuentes. Ahí está Nicanor [Parra], lo dibujé el otro día. Todo está en orden cronológico. Claro y de repente –deja la frase en el aire, se ríe, y nos dice mostrando unas letras de colores emulando un arcoíris–: Aquí fue la primera vez que tuve un contacto gay. Tenía 13 o 14 años.

 

Seguimos recorriendo, mirando y preguntándole a Carlos mientras enrolla la tela por un extremo para extender aún más la obra. Después de un breve momento de silencio, nos dice:

 

CA: Hace tiempo que no la veía, dije … voy a aprovechar que vienen para sacarla.

CT: Te lo agradecemos mucho.

CA: Mira, por ejemplo, aquí está un primo, el primer primo que murió, de los dieciocho primos que tengo. Murió este año. Y Pedro Godoy es primo de mi madre, murió y mi asistente me dijo: “¿Te los bordo?” Y yo dije: “No, porque… soy supersticioso, si los bordas a los dos va a morir mi tía Tere”. Están viejitos, tienen noventa y tantos. Y él, no está bordado porque está desaparecido –dice mientras indica el bordado. Es un primo de mi madre, entonces nada más queda con la tinta. z

Crónicas textiles presenta entrevistas, portafolios y episodios del arte textil contemporáneo en Chile.

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