CATALINA BAUER
La Reina, Santiago, mayo de 2018

Catalina Bauer es una artista conocida por obras delicadas, pacientes y complejas producidas a partir de una reflexión sostenida sobre los materiales y los procesos del arte. La mayoría de sus obras entrelazan el movimiento del cuerpo y el mundo textil; en sus piezas abundan deshilados, tejidos y nudos, todos ensayados y puestos en práctica de modo autodidacta.

Mientras esperamos a que Catalina nos abra la puerta de su casa-taller en la comuna de la Reina, nos dejamos llevar por el sonido del agua y por los colores del otoño. El canal de riego que corre a unos metros de donde nos encontramos, los árboles de la cuadra y la tranquilidad del barrio, nos invitan a pensar en un Santiago más antiguo y amable. Ya en el interior de su casa nos sentamos cómodamente a conversar. Después de un rato, interrumpimos el diálogo para visitar su taller y ver su obra.

 

Crónicas Textiles: Uno de los aspectos que más nos llama la atención de tu trabajo es el cruce entre el textil y la performance. ¿Nos podrías contar un poco más de esa relación?

Catalina Bauer: En realidad, el trabajo se ha ido abriendo a ese cruce, no fue a la inversa… fue desde lo textil que el cuerpo apareció. Cuando creció el formato de los trabajos que estaba haciendo, sentí la necesidad de que otros participaran. Por ejemplo, mover paños grandes era o debía ser una acción colectiva.

 

CT: Como en Chacra, ¿no? ¿Ese sería el primero de tus trabajos en esa línea?

CB: Si, ese es el primer trabajo de tejido propiamente colectivo. Cuando lo hice, me entregué a un programa de trabajo que en el fondo estructuré para no tener que tomar decisiones en el camino ¿les cuento un poco cómo fue?

 

CT: Si, ¡obvio!

CB: Trabajé con un grupo de mujeres que ya tenían un taller de tejido en la Casa de la Mujer en Huamachuco, Renca. El número de mujeres fue variando hasta que llegamos a un grupo más o menos estable de ocho o nueve. Cada mujer recibía un ovillo de pitilla de nylon y tenía que tejer un círculo a crochet, que era lo que yo estaba haciendo antes. En este caso quería hacer un tejido grande. Y como no me resultaba porque no me daba el cuerpo para seguir avanzando, se me ocurrió la idea de hacerlo en grupo. Entonces el proyecto funcionaba de la siguiente manera: ovillo tejido, ovillo pagado. Y una vez que cada una había tejido un círculo, se juntaban de a dos. Entonces se unían dos círculos y empezaban a tejer en torno a él, las mismas personas, un ovillo cada una. Imaginé que iba a quedar como un dibujito, porque después de que tú cerrabas un círculo tenías que hacer una ronda alrededor de otro color que marcaba el término de un ovillo tejido. Y así yo sabía el límite de cada tejido. Pensé que iba a quedar perfecto, pero aparecieron una burbujas… el paño final era imposible de extender porque cada mujer teje distinto! Tampoco era demasiado arrugado, pero no se veía bien extendido. Para presentarlo en galería Die Ecke tuve que inventar una instalación: reproduje unas especies de sillas que representaban a cada una de las mujeres que habían estado tejiendo y sobre ellas dispuse el tejido.

 

CT: ¿Pero estabas buscando el volumen de la obra o fue algo que se fue dando en el proceso, al pensar en el montaje?

CB: Es algo que se dio en el proceso de pensar cómo montar la obra… junto a mis amigos y colegas de BLOC, movimos el paño probando opciones, porque el tejido mide entre cuatro y cinco metros y medio… la verdad es que no quedé contenta con el montaje. Tengo unas fotos muy lindas, eso sí, de todos debajo del textil, en donde se ven solo las piernas. Fue ahí cuando tomé la decisión de cómo montar la obra. Para mí, el proceso de Chacra fue más importante que la exposición; los nueve meses de trabajo con las mujeres, todo lo que vivimos, fue un proceso lindo. ¡Como un embarazo!

 

Reímos pensando en la analogía y le preguntamos cómo fue su relación con el grupo de mujeres. Después de un momento, recordando tal vez esos meses de trabajo, nos comenta:

 

CB: Algunas fueron a la inauguración, pero antes hicimos una ceremonia en la Casa de la Mujer que fue mucho más linda. Ahí se presentó el trabajo, hubo discursos, habló la directora, hablé yo, después cada una de las participantes dio su testimonio, se hizo un desayuno… fue súper emotivo. Y claro, después la exposición era otra cosa, rarísimo, porque me presentaba yo como artista, en una exposición individual, con un trabajo que había hecho de modo colectivo, como que nada me cuajó en ese momento, siendo que el proceso fue súper potente. Como les decía al principio, este fue el primer trabajo en donde incluí participación de otras personas. Fue un gran aprendizaje.

 

CT: ¡Claro! porque ahí son varios temas los que van apareciendo… lo individual v/s lo colectivo, el proceso v/s la presentación final de la obra… es importante pensar cómo abordarlos, ¿no?

CB: Si, pensar por ejemplo, cómo darle lugar al otro y cómo hacer que la obra no pierda sus momentos. Porque para mi había sido tan potente el proceso que sentía que el resultado no le hacía justicia. Pero al mismo tiempo y ya conversando con otros amigos artistas, me di cuenta que también hay que darle un valor a ese resultado como algo que porta de alguna forma todo ese proceso en su fisicalidad. Siento que estoy todo el rato picoteando entre esas dos cosas, entre lo inmaterial y lo material del trabajo textil. Estoy siempre en un punto intermedio, porque una cosa es lo que uno hace físicamente y otra cosa es lo que uno está haciendo, en términos de repetición, de tiempo…

 

CT: El tema del tiempo… el tiempo siempre aparece en todas las entrevistas. Es un factor tremendamente importante para quienes se dedican a lo textil.

CB: Claro que si, y eso es, de hecho, lo que yo busco muchas veces, darle tiempo al tiempo. Cada vez que termino un proyecto vuelvo al tejido, aunque el proyecto haya sido tejido me da lo mismo. Me pongo a tejer apenas termino una exposición.

 

CT: ¿Y tejes algo para ti?

CB: En realidad tejo algo que se ha vuelto como una especie de trabajo en serie, en el tiempo, que son unos círculos. Tejo círculos a crochet. Y a veces en vez de tejer pegado le voy haciendo un hilo, lo voy despegando.

 

CT: Vemos que usas nylon en tus círculos. Si volvemos a Chacra, ¿por qué la elección de este material?

CB: Porque en ese momento quería usar materiales económicos, resistentes, que no fueran necesariamente los propios del tejido. Ahora, sin embargo, no encuentro que sea algo importante. Quizás habría sido mucho más lindo, pero habría sido más caro en un material más “noble”. No sé, hoy prefiero el hilo encerado, el hilo zapatero: tiene cuerpo, agarra forma, tiende a moldearse un poco, tiene peso, es más escultórico.

 

CT: Entonces, si volvemos a esta serie de círculos ¿qué buscas en ellos?

CB: La serie se llama Fracciones y lo que hago es jugar con esa idea. Como las fracciones que aprendíamos en el colegio, los gráficos de torta. Me interesa reflexionar sobre los espacios llenos, el vacío, la estructura, la línea... he hecho algunos que se empiezan a guatear y cambian de forma, y en la medida en que van creciendo caen con un peso diferente.

 

CT: Los círculos están en diálogo con el trabajo de Eva Hesse, ¿no crees?

CB: Si, yo creo que ella es una gran referencia para mi trabajo. Me gustan mucho sus materiales, como una cosa media de piel. Por ejemplo, si yo elijo un hilo siempre va a ser un color natural, trato de apelar al cuerpo. Por eso también el trabajo con el nylon ya no me convence tanto porque el nylon es un material plástico, industrial.

 

CT: Junto a los materiales, hay un tema que no hemos tocado y que nos parece importante en tu obra, el de la escala. Eso es algo que también se ve en otra obra tuya que nos encanta, Espías en el fondo del mar.

CB: Si, claro. Lo de Espías en el fondo del mar viene, la verdad, de unas cositas que estaba haciendo en Alemania con unos cordeles de algodón. Los deshilachaba y después los iba anudando, como esas especies de pulseritas que uno hacía de chica...

 

CT: ¿Como macramé?

CB: ¡Ya... pero… –estallamos todas en risa– pero no! Yo no tengo ninguna técnica...

 

CT: ¡Pero eso mismo es súper interesante! Porque en el fondo tú te vas ajustando o vas buscando lo que necesitas, buscas soluciones a los problemas que enfrentas.

 

Sonríe mientras le hablamos y, como si fuese una confesión, nos dice:

CB: Yo miro en internet un tutorial y ahí ya más o menos sé para dónde va la cosa... y lo poquito que aprendo en ellos, me sirve como punto de partida.

 

Ante esa respuesta, reímos nuevamente al unísono. Nos cuenta, a propósito de las técnicas aprendidas, que su abuela le enseñó a tejer a crochet en sus últimos años. Pero aclara sin ánimos de complejizar sus conocimientos, que le enseñó solo dos puntos, el simple y el doble. Pensando en la educación escolar, le preguntamos si aprendió a tejer en el colegio:

 

CB: Noooo, nos enseñaron a tejer con palillos, pero yo era súper mala, sé tejer puro correteado, no sé hacer chalecos, no sé hacer nada de eso. Es como un bluff, porque todos piensan que soy tejedora... –nuevamente reímos– pero la verdad es que no me quedan bien las cosas. Si tengo que hacer un chaleco soy un desastre.

 

Volvemos a dirigir la atención a los cordelitos de algodón  y le preguntamos si ellos responden a estructuras que le ayudan a pensar visualmente.

 

CB: Si, en parte si. Lo que hago con estos trabajitos es que agarro un cordel y lo desarmo, y con la estructura más pequeña empiezo a tejer o a hacer nuditos. Entonces la idea de esto fue hacer uno con un loop y después otro con dos loop y después otro con tres y así. De ese modo, trato de inventarme un modo de ir seriando y de hacer una progresión… mi idea era que fuera un descubrimiento. Pero si lo miras de cerca es muy lento y demoroso, es mucho rato trabajando. Y lo que hacía también es que los iba abriendo de a poco, entonces las estructuras se van expandiendo y se va afinando el tejido. Primero el punto es un poco más grueso y después se va haciendo más fino. Tejo de un lado a otro y viceversa, así genero un zig-zag, como si fuera una espiga. Y el tejido en zig-zag hace que no se tuerza tanto. El cordón lo engancho y ahí empiezo a trabajar: lo abro y deshilo el hilado industrial y después empiezo a tejer anudando, como si de ese modo me armara de una parrilla para el telar.  

 

CT: ¡Son preciosos! Finalmente aparecen como unas medusas.

 

CB: Para la exposición pensé que eran muy chiquitos, entonces decidí pasar de una escala menor a una mayor. Y ahí pensé, ¿qué cuerda puede servirme para hacer esto que quiero hacer? Y así llegué a las cuerdas para Espías. Es exactamente el mismo proceso. Lo heavy es que al final esas cuerdas también son de nylon, parecen de algodón, pero no lo son, tal vez antiguamente eran de algodón. Acá tengo algunas todavía. Estas cuerdas me las conseguí con una persona de la Sudamericana de Vapores.

 

CT: Woooooow, ¡qué increíble!

 

CB: Cuando hice los tejidos los tuve que hacer afuera porque estaba todo sucio, me daba miedo por el hanta, porque se supone que estas cuerdas estaban en bodegas, son cuerdas de segunda mano para barcos chicos. ¡Trabajé sin guantes y mis manos quedaron hechas un desastre, como lija! Pero lo lindo de este proceso es que las cuerdas estaban tan sucias, que a medida que las fui abriendo, se iban limpiando y empieza a caer la arena, todo el polvo, ¡y después aparece el brillo del nylon y aparece la luz! Es precioso el proceso porque van apareciendo las variaciones que ocurren al deshacer el nudo de la cuerda. Lo otro que apareció en el proceso es un hilo azul, que atraviesa toda la cuerda. Creo que es una especie de aviso para cuando la cuerda está desgastada.

 

CT: El título de la exposición es muy poético…

CB: El marino que me consiguió las cuerdas me explicó que se llamaban “espías” en la jerga marina antigua. Y ese dato le dio todo el misterio a la obra, le agregó casi una onda más literaria. Igual era inevitable pensar, cuando estaba trabajando, que esa cuerda estaba dentro de un barco, que circulaba, pensaba para mis adentros hasta dónde habrá llegado… qué cosas vio…

 

Por un rato nos quedamos observando las cuerdas y analizando el montaje de la exposición a través de fotografías. Después de un rato, Catalina nos comenta que tiene otro trabajo que, volviendo a la conversación del inicio, vincula performance y textil.

 

CB: Quería comentarles de un proyecto de tejido performático. Este manual es la última etapa de un proyecto que partió el 2012 y que tiene que ver con la observación de la actividad perfomática de manipular los tejidos. Yo siento que de una manera muy visceral tuve una necesidad de mover el cuerpo y empecé a tener un diálogo importante con una amiga bailarina, Amelia Ibáñez. Con ella empecé una colaboración que me llevó a hacer mi primera performance. En realidad, no fue la primera, había hecho algunas durante mis estudios de magíster, pero la verdad es que me da un poco de vergüenza hacer ese tipo de cosas.

 

CT: Bueno por eso muchas veces en tus videos hay un corte de rostro.

CB: Claro, es un poco por eso, pero también porque yo siento que la mirada es demasiado fuerte y a mí me interesa focalizar la atención en el cuerpo y en el movimiento y no en mí, para no individualizarlo en Catalina Bauer.

Desde ese interés armé un proyecto para una residencia en Gasworks en Londres, invitada por el programa de participación. Para ese programa inventé un workshop de tejido y la particularidad era que el tejido iba a trasladarse de las manos al espacio y al cuerpo entre varias personas. Es decir, ampliar la escala a un nivel mucho mayor. Así, las personas se transformarían en las herramientas del tejido. Las primeras cuatro sesiones fueron un total fracaso, me iba a la casa pensando ¿cómo lo voy a hacer? El grupo estaba conformado por varias artistas y gente que estaba comprometida con el programa de participación, profesoras de colegios cercanos a la residencia, apoderadas de esos colegios, dueñas de casa, puras mujeres. De a poco empezó a salir algo, salieron 3 ó 4 formas de tejer en el espacio. Al final del taller hice una sesión de esta ronda en el Baytree Center, que es un centro de acogida para inmigrantes, donde van y aprenden inglés y otras habilidades y el taller ¡fue increíble! Fue una sesión como de 30 personas y las anteriores habían sido de 8. Hicimos dos versiones, primero rondas de 4 a 6 personas y luego una como de 20 personas. ¡Fue precioso! Al principio no resultaba, no resultaba, y eso es lo que tiene esta ronda, que al principio se ve muy difícil y de a poco el grupo empieza a coordinarse y a relajarse. Aparece la risa y la gente empieza a disfrutar, hay ritmo, las personas se entienden, se unifican y entonces viene la felicidad y todo empieza a fluir.

 

CT: ¡Qué linda experiencia, es como un juego!

CB: Y lo lindo fue que, dado que había que hablar de manera muy simple, nuestro inglés básico, el mío y el de ellas, que eran de todas partes del mundo, no fue un obstáculo. Les dije: “vamos a tener una cinta en cada mano y vamos a dar por un lado y a recibir por el otro”. Fue en ese momento en que entendí que había una especie de mensaje utópico en este proceso de tejer colectivamente.

 

CT: ¡Qué bonito! ¿Qué hiciste después con los tejidos?

CB: Los guardo.  Bueno y ahí una mujer que no participó en la ronda, que era mayor, me dijo: “¿Me puedo quedar yo con esto? Es igual a un ornamento que usaba mi padre, que era granjero, en el hombro”. Un señor en África, donde ella vivía.

 

CT: Wow, con eso sí que quedaste pagada por siempre.

CB: Qué locura, qué tipo de objeto habrá sido ese. Acá tengo el resultado, es divertido porque el tejido crece hacia arriba y toma un aspecto medio fálico y empiezan las tallas y todo el mundo se ríe.

 

Catalina nos muestra algunas piezas y entre risas reconocemos las formas de los tejidos. Nos cuenta que la forma y el volumen dependen del material utilizado y que está haciendo pruebas con materiales más gruesos para ver si se puede obtener un resultado más escultórico.

 

CT: Al final el resultado es como volver a tejer la cuerda de los barcos que utilizaste para Espías….

CB: Si, ¡claro! Está hecho de un modo que crece como cuerda. Aunque es necesario considerar que el aspecto final también depende de la cantidad de personas que participen.

 

CT: Cuéntanos un poco cómo se teje… 

CB: Al principio estamos dispuestos en un círculo. Las personas sostienen las cuerdas y todas están cruzadas. Una siempre está en relación con quien está enfrente tuyo. Es decir, con las cintas se forma un asterisco. Entonces todos nos movemos para un lado, tratando de enganchar las cintas. Los primeros puntos son siempre súper desordenados porque no hay nada que los sostenga, pero una vez que ya se hizo un enredito al medio se empieza a afirmar.

 

CT: ¿Y el manual, nos puedes contar un poco al respecto?

CB: Lo hice el año pasado, el 2017 porque cada vez que hago el taller se me acerca alguien y me dice: “sabes que tengo un grupo de pacientes y este ejercicio sería ideal para hacerlo con ellos ¿te importa si lo repito?” Y al principio explicaba las instrucciones y luego hice el manual con la idea de que esto se esparza, que el ejercicio salga de mi control y que circule por cuenta propia. El manual es una impresión en mimeógrafo bien artesanal de Ignacio Gatica y Martín La Roche.

 

CT: Estas impresiones nos recuerdan un poco el trabajo que hiciste ahora en Nueva York con tus hijas.

CB: Hice una animación con ellas e hicimos unos canastos tejidos. Quería trabajar con las dos (son mellizas), mi idea era hacer algo súper formal de ponerlas en una relación como de espejo, de simetría. Mi lenguaje de performance -si se puede llamar así- es bien simple. Busco dibujos con el cuerpo, formas geométricas en gestos cotidianos. Ese era mi punto de partida. Y justo me encontré con Cecilia Vicuña, y ella me contó una historia sobre unas mujeres de la cultura Shipibo. La historia fue una revelación, porque tenía mucho que ver con la imagen que estaba desarrollando para la animación. La historia, sin embargo, le daba el peso, la razón de ser. Y reafirmaba una idea un poco subterránea que yo tenía de esta magia que existe en la conexión de las hermanas y la posibilidad de que eso trascienda a las mujeres en general. Entonces me agarré de esta historia de la Cecilia, que no sé si la leyeron por ahí porque ya la he repetido como mil veces –dice entre risas. Ella me cuenta que hay dos mujeres trabajando sobre una vasija de cerámica muy grande y no se ven la una a la otra. Y cuando van dando la vuelta se dan cuenta que los patrones que van dibujando coinciden. Y es esa imagen no más. Ella me lo contó y me iluminó. Entonces en la obra está la figura del círculo, que en el fondo es la imagen del universo, de ir girando en esta conexión mística, intelectual, amorosa. Entonces hice la animación con ellas y también una serie de ilustraciones que desarrollé en monocopia y reproduje en risografía. Les saqué fotos a mis hijas haciendo la performance en el taller y luego sumé los 210 dibujos que hice.

 

CT: ¿Y cómo vivieron esta experiencia tus hijas?

CB: Lo pasaron súper bien, estaban muertas de la risa. ¡Súper poco místico! Pero para mi era importante trabajar con ellas, como una reflexión sobre la maternidad… de alguna forma cuando eres joven estás ocupado de cosas mucho más complejas, pero acá te ves obligado a ir a lo esencial, a pensar en alimentar, en abrigar… y volver a lo esencial es una parte fundamental de mi trabajo. Creo que yo me muevo en una búsqueda de lo primario, de lo que hay antes de la técnica. Trato de buscar un camino propio, no de manera tan consciente, pero tratando siempre de vivir la experiencia de descubrir algo. Si no, me aburro, pierdo la motivación. En cambio, cuando estoy inventando algo, es más emocionante.

 

CT: Y a partir de esa reflexión ¿cómo llegaste a lo textil?

CB: Siento que estuvo siempre presente, porque el sistema de construir a partir de la repetición era algo con lo que venía de antes. Creo que aparece con el crochet, cuando mi abuela me enseñó algunos puntos. Antes de eso había hecho una frazada de cuadraditos, la verdad no sé… el textil se fue metiendo muy de a poco. Me interesa pensar cómo se conectan las cosas… me gusta pensar en los modelos para la construcción de las cosas, pero sobre todo en las conexiones que existen entre las cosas. Quizás más allá del tejido lo que me interesa es cómo se relacionan las cosas, lo afectivo, los vínculos. z

Crónicas textiles presenta entrevistas, portafolios y episodios del arte textil contemporáneo en Chile.

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