LA TRAMA DEL ARTE
Tapices en el arte chileno contemporáneo
por Manuel Alvarado Cornejo

El Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Santiago, resguarda un total de 5 tapices que permiten conocer la relevancia que adquirió el arte textil en la plástica chilena a partir de la segunda mitad del siglo XX. Ana Cortés, Maruja Pinedo y Paulina Brugnoli son algunas de sus autoras, quienes influidas, ya sea por la obra del francés Jean Lurçat expuesta en el MAC en la década del 50, o por el avance de las investigaciones en torno al textil prehispánico, revalorizaron esta milenaria manifestación estética en pleno auge de los movimientos geométricos.

La colección del MAC, institución dependiente de la Universidad de Chile, se encuentra compuesta por alrededor de 2600 obras sobre variados soportes que permiten conocer las principales tendencias artísticas desarrolladas en Latinoamérica y Chile desde fines del siglo XIX. Dentro de este acervo se cuenta un total de 5 tapices que demuestran la relevancia que adquirieron los textiles hacia mediados de siglo en nuestro país, constituyéndose en un medio de experimentación técnica y formal en un momento en que los geometrismos dominaban la escena local. A continuación, revisaremos la trayectoria de cada uno de los autores de estas piezas y el modo en que se vincularon con el universo de los textiles.

Un hito fundamental para comprender el desarrollo del arte textil en Chile es la exposición de tapices del artista francés Jean Lurçat (1892-1966) realizada en el MAC entre diciembre de 1954 y enero de 1955, tras la cual esta institución adquirió dos de sus obras: C'est l'aube (c.1950) y Macho Cabrío (c.1950). Lurçat, educado en Nancy –región con una vasta tradición en el ámbito de las artes aplicadas; cuna además del modernista Émile Gallé (1846-1904)–, compartió con los principales artistas de vanguardia de la primera mitad del siglo XX, entre ellos, Pablo Picasso (1881-1973), Henri Matisse (1869-1954), André Derain (1880-1954), entre otros. Hacia 1920, ya instalado en París, comenzó sistemáticamente a diseñar patrones de tapices que luego eran tejidos en talleres especializados como la Manufacture Nationale des Gobelins o Aubusson. Mediante su obra, Jean Lurçat logró modernizar y reivindicar el arte textil en pleno siglo XX, experimentando con nuevas materialidades y texturas. Los tapices del francés se caracterizan por su rica iconografía, principalmente de origen animal y vegetal, la cual tenía como fuente diversos relatos de las mitologías orientales y occidentales, medievales y modernas.

En retrospectiva, es posible sostener que la difusión del trabajo de Lurçat en Chile influyó en el desarrollo de la tapicería en la plástica nacional, como evidencian los casos de las artistas Ana Cortés (1895-1998) y Maruja Pinedo (1907-1995), ambas formadas como pintoras, quienes tras la exposición del francés se aproximaron al arte textil, dando cuenta del progresivo proceso de desdibujamiento de los límites que antaño separaban a las artes decorativas de las bellas artes, y de los tránsitos estéticos que ocurrieron entre ambos campos durante la primera mitad de la centuria.

Ana Cortés, formada al interior de la Escuela de Bellas Artes de Santiago en los cursos de Juan Francisco González (1853-1933), Ricardo Richon-Brunet (1866-1946) y Boris Grigoriev (1886-1939), completó sus estudios en la Académie de la Grande Chaumière de París y, como mucho de sus coetáneos, en el taller del pintor André Lothe (1885-1962). A lo largo de su carrera su obra transitó desde la figuración a la abstracción geométrica, desde la pintura al afiche. Cortés destacó en el campo de las artes aplicadas pues se desempeñó como docente de la Escuela de Artes Aplicadas y, además, como creadora de afiches y tapices. El interés por estos últimos habría surgido también gracias a la influencia que ejerció la presencia de la polaca María Kociva (c.1930-1940) en el taller de tejidos de la Escuela y al contacto de Cortés con la Association des Peintres-cartonniers de Tapisserie de Francia. Aunque los tapices de Ana Cortés aún deben ser rastreados, documentados y estudiados, a partir de la obra Músicos (1958) perteneciente a la colección del MAC, es posible establecer que, aunque no innovó, utilizó los textiles como un medio de experimentación material, técnica y formal en el proceso de asimilación de las vanguardias.

Maruja Pinedo, miembro de la denominada generación del 40, estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile y se perfeccionó en la Academia Ozenfant de Nueva York, EE.UU. Pinedo inició su tránsito desde la pintura –la cual nunca abandonó– a la tapicería y al petit point tras la realización de la ya mencionada exposición de Jean Lurçat en el MAC. De la obra del artista francés Maruja Pinedo rescató no solo la técnica, sino que también el apego a la figuración y el valor simbólico atribuido a las representaciones de la flora, fauna y relatos históricos, no obstante, estos recursos los puso al servicio de su propia búsqueda plástica encaminada a la visibilización de la realidad americana. Sus tapices tienen la particularidad de haber sido hechos completamente a mano por la propia artista mediante la combinación de hilos y lanas de rico colorido y variadas texturas.

Junto a Ana y Maruja, también destaca la artista Paulina Brugnoli (1940), quien a diferencia de las anteriores, pertenece a una generación más joven y se ha dedicado casi exclusivamente a la producción de tapices. Paulina, educada en la Escuela de Bellas Artes y la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile, se interesó tempranamente por el arte textil, el cual le ha permitido poner en relación (y en tensión) dos campos cuyos límites comenzaban paulatinamente a borronearse: las bellas artes y las artes aplicadas. En su búsqueda estética, se vio fuertemente influenciada por la profesora de telar Margarita Johow (1891-1975), así como también por las investigaciones de la arqueóloga austriaca residente en Chile Grete Mostny (1914-1991) y el trabajo en color de Eduardo Vilches (1932) y Matilde Pérez (1916-2014). La obra textil de Brugnoli, que recoge parte de sus propias investigaciones en torno a la textilería prehispánica, fue hecha preferentemente a telar. En los tapices de Paulina se observa el afianzamiento de la abstracción geométrica, la relevancia que adquieren los ejercicios de color y el afán por desarrollar una producción versátil, pues creó un sinnúmero de piezas utilitarias como cobertores, vestuario, entre otros. z

Para seguir leyendo sobre la colección textil del museo:

Allende, Matías. “Pinedo, Maruja. Entierro de San Francisco de Asís”. VV.AA. Catálogo razonado Colección MAC. Santiago: MAC, Facultad de Artes, Universidad de Chile, 2017.

Cortés, Gloria. “Cortés, Ana. Músicos (Músicos de Albert Hall)”. VV.AA. Catálogo razonado Colección MAC. Santiago: MAC, Facultad de Artes, Universidad de Chile, 2017.

Fleming, John y Hugh Honour. Diccionario de las artes decorativas. Madrid: Alianza, 1987.

Guerrero, Claudio. "Brugnoli, Paulina. Sin título". VV.AA. Catálogo razonado Colección MAC. Santiago: MAC, Facultad de Artes, Universidad de Chile, 2017.

Loisy, Françoise de y Gonzalo Arqueros. “Lurçat, Jean. C'est l'aube”, “Lurçat, Jean. Macho cabrío". VV.AA. Catálogo razonado Colección MAC. Santiago: MAC, Facultad de Artes, Universidad de Chile, 2017.

Phillips, Barty. Tapestry. Londres: Phaidon, 2000.

Para citar esta crónica:

Alvarado, Manuel. “La trama del arte. Tapices en el arte chileno contemporáneo”, consultado  [incluir fecha]

https://www.cronicastextiles.com/colecciontextilmac

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