CRISTIÁN VELASCO
Tunquén, febrero de 2019

Cristián Velasco está vinculado desde hace muchos años a lo textil. Trabajó por primera vez con telas de un modo oblicuo, a través de objetos que encontraba en la calle a los que se acercaba, destruía y transformaba visceralmente. Desde ese momento, ha recorrido un largo camino en el que ha experimentado, entre otras técnicas y modos de hacer, con el bordado, el uso de tintes naturales y exploraciones propias que se salen del concepto tradicional de la textilería.

La casa y el taller de Cristián Velasco se encuentran en la Quinta Región, en la playa de Tunquén. Llegó al litoral hace unos años, buscando un refugio de temporada. Poco a poco se fue quedando, instalándose de modo definitivo en la costa. El terreno está rodeado de árboles y flora nativa y los cerros del sector invitan a largas caminatas frente al mar: la naturaleza del lugar permite una rápida desconexión del ajetreo de la ciudad. Cristián nos recibe en su casa, en donde nos muestra algunas de sus obras; después nos dirigimos a su taller, un espacio privilegiado al que le llega la luz cálida de la tarde. Ahí comienza nuestra entrevista.  

 

CT: Nos gustaría comenzar preguntándote ¿cómo llegaste a lo textil? ¿cuál es tu formación?

CV: Me formé en el mundo de las comunicaciones. Al salir del colegio quería estudiar arte, pero no lo tenía muy claro. Era creativo, rebelde, totalmente anti-sistémico e inquieto. No calzaba en ningún lado y pensé que el arte era un lugar que podía acoger eso, pero mi familia, a pesar de tener mucha afinidad con el arte, tenía aprehensiones con que yo lo estudiara… algo que con el tiempo pude entender mejor.

Entonces estudié publicidad y comunicación social en la Escuela de la Mónica Herrera, que era un experimento básicamente. Después me di cuenta de que esa formación me sirvió mucho para articular proyectos. Pero bueno, cuando empecé a estudiar publicidad en el año 90 me puse a estudiar pintura también, estuve como 6 años trabajando en el taller de Sergio Soza, un pintor de la Universidad de Chile. En esa época pintaba y paralelamente hice varios trabajos de publicidad, estuve en el mundo del retail como 4 años, es duro. Estuve en Falabella, Ripley... empecé de abajo, vistiendo maniquís en las vitrinas. Yo las llamaba instalaciones comerciales. En el fondo era diseño de espacios, por así decirlo, aplicado a la venta en un sentido más duro, pero conceptual. Después me puse a investigar y claro, Warhol y Lichtenstein, por ejemplo, hicieron un montón de vitrinas.

CT: ¿Pero en esa época tenías conciencia de ese vínculo?

CV: Empecé a tenerla de a poco. Pero siempre traté de proponer referentes más interesantes y vinculados al arte, pero también con material sobre el retail y el visual merchandising y todas esas cuestiones ¿cachai? Si bien en la pega me compraban un poco, igual me torcían la mano y muchas ideas se perdieron, pero otras llegaron a puerto.

 

CT: Y en esa época seguías en el taller pintando…

CV: Si, en realidad estaba un poco disociado… en esos años pintaba mucho paisaje in-situ. Era lo que más me gustaba y el arte conceptual, por ejemplo, me parecía aburrido, una tontera, hoy ya no me hago rollos. Pero en esa época si lo tenía totalmente disociado y seguía con mi práctica romántica paisajística, pero a la vez tenía este otro trabajo que era heavy. Estaba bien concentrado en el desarrollo de proyectos. Dejé de trabajar en el retail el año 98 porque me echaron finalmente de Fallabella; después me llamaron de Ripley, pero ya a la gerencia, donde manejaba proyectos mucho mas grandes. Ahí me tocó montar tiendas en Perú, dentro de todo Chile, y mis temas eran el color, los puntos de vista, los flujos de personas… Hoy, la verdad, no entro a un mall ni cagando –nos comenta mientras se ríe. De ahí llevé otros proyectos grandes en una empresa de publicidad y desarrollaba experiencias en torno a marcas, específicamente para Chile Tabacos. Hacía cosas bien conceptuales y experimentales, y llegué a manejar 15 proyectos al mismo tiempo, veía los presupuestos, los diseños. Era brígido. Estaba súper, súper estresado también.

 

CT: ¿Y cuántos años tenías en esa época?

CV: Tenía 30, más o menos. Como ven, empecé súper chico a trabajar y a tener muchas responsabilidades, entonces, de alguna manera, empecé súper viejo en el mundo del arte.

 

CT: Pero todos venimos con historias distintas y ¡eso es pura ganancia!

CV: Si, claro, pero hasta ese momento no me atrevía a dar ningún tipo de salto más cuántico… La verdad es que entré al circuito del arte a punta de estas visitas constantes a las galerías. Justo el 2002 la UNIACC sacó un programa de tutorías de arte, cuando estaba de director Tomas Andreu y me metí.

Hoy miro de modo retrospectivo mi historia y veo que tuve una gran oportunidad, principalmente porque tuve y tengo libertades que muchos artistas no tienen, además obtuve herramientas que, en ese tiempo, las escuelas de arte no las entregaban. Hoy ya es distinto, pero han pasado muchos años. Ahí mi tutor fue Arturo Duclos, le agradezco mucho su punto de vista, fue bien asertivo. En ese mismo momento me separé de la mamá de mi hijo de dos años y además renuncié a la agencia de publicidad. Toda mi vida hizo un giro en ese momento.

 

CT: ¡Mega terremoto en la vida!

CV: Un cambio heavy. Entonces ahí me lancé realmente al arte, al vacío.

 

CT: ¡Claro! Cuando llegan esos momentos de cruces de caminos se tienen que tomar decisiones difíciles.

CV: Tal cual, claro, y típico fui al psicólogo, y me dijo “lo que te esta pasando es una oportunidad, es ahora o nunca”. Y paralelamente iba por la calle y empecé a recoger colchones y no sabía por qué lo hacía. Como escribió Catalina Mena en un texto sobre mi trabajo, era como “este hombre está dejando su hogar y empieza a construir, porque quiere hacer su nido de nuevo…”. Entonces eso fue muy raro, llegaba a las tutorías en la UNIACC con géneros y tal. Primero empecé pintando sobre ellos como soporte y después terminé haciendo objetos. Y bueno, desarmaba los colchones y los volvía a armar, pero simplemente en base a patrones de diseño, colores, etc. Eran objetos estéticos, pero a la vez basura.

 

CT: ¿En esa época todavía no hacías una reflexión sobre lo textil como un universo en sí mismo?

CV: No, todavía no. Más bien, todavía no sabía en qué podía derivar mi trabajo y no estaba pensando en el mundo textil, para mi, todo mi proceso venía del mundo del ready-made.

 

CT: Y volviendo a los colchones ¿qué pasaba o hacías con sus interiores?

CV: Los dejaba tirados en la calle, porque esa era la otra, empecé a salir a la calle con el cuchillo cartonero en la guantera del auto y ¡fa-fa! –dice fuertemente haciendo el gesto del cuchillo– los cortaba en la calle, dejaba toda la cagada y subía los géneros al auto. Como quien descuartiza un animal. Era un perfomance fuerte.

 

CT: Claro… y también pensando en todos estos años que han pasado nos imaginamos que ha habido una transformación de tu conciencia ecológica en el camino, ¿no?

CV: Si, lo que pasa es que los colchones siempre estaban en la basura. Yo estaba trabajando a partir de mi experiencia y a partir del contexto en el que me tocó vivir. Para mi el arte tiene que ver con eso, con cómo me paro yo frente a mi paisaje inmediato y a mis experiencias emocionales más que intelectuales.

 

CT: Si, se entiende, además que es demasiado fuerte destruir un colchón.

CV: ¡Claro! porque la mitad de tu vida está ahí y eso empezó a aparecer en mis reflexiones. ¿Botar un colchón? Eso es botar lo más íntimo de ti. Es el lugar donde amaste, donde moriste, donde naciste, donde lloraste… Estaba haciendo construcciones o reconstrucciones de la memoria, desplazándome por distintos puntos de la ciudad. Y después hice otro proyecto, Sueños remotos, donde tengo un carrito y salgo a recorrer la ciudad con él. Y bueno, así me fui metiendo de lleno en el arte…

 

CT: ¿Qué año fue eso?

CV: El 2004, y el resultado de ese proceso fue mostrado en la Sala Juan Egenau de la U. de Chile. Y de alguna forma eso ya era totalmente textil. Después empecé a ocupar la lana de los interiores de colchones. Empecé a ensamblar cosas e hice unas esculturas bien choras. Y bueno, para no botar todos los géneros que tenía, hice una manga gigante, onda Juan Pablo Langlois, que por supuesto no conocía desde mi ignorancia. Armé una manga gigante de género, como de 40 metros, y la rellené con la misma lana de los colchones. Y postulé con eso a un concurso en el Goethe Institute y lo gané. Entonces colgué la manga en la caja de la escala, con una forma muy orgánica y después la colgué en la entrada de mi casa y después en otro lado, y bueno, eso le dio más movilidad a la obra.

Y ahí, al poco tiempo, tuve un accidente, me caí del techo de mi casa y anduve en silla de ruedas como dos meses. Y trabajé en silla de ruedas…

 

CT: ¡Chuta! ¡Eso fue un pare a todo ese movimiento!

CV: Sipo, después de un periodo bajón tuve un momento muy creativo, donde desarmaba colchones, hacía nudos, ensamblaba, pegoteaba... y la materia prima era el colchón, y ahí empecé a escribir sobre ellos, los iba bordando.

 

CT: ¿Los bordabas sobre la superficie de la obra?

CV: Si, sobre la superficie.

 

CT: ¿Y qué tipo de textos eran?

CV: Eran palabras, cosas súper oníricas, íntimas, creo que esa es una cualidad que tuvo el trabajo, que mucha gente leía eso, era un trabajo súper conectado conmigo mismo. Justo en esa época empecé a trabajar con Galería Moro. Además, se empezó a comentar que bordaba, entonces era raro, porque siempre el bordado había estado asociado a lo femenino y yo me salía de la regla.

 

CT: A esas alturas ¿cómo pensabas proyectar tu trabajo o cómo te veías a ti mismo en el arte?

CV: Uf, quería botar hacia fuera, totalmente psicoanalítico. Me atraía todo el rollo de los homeless, del uso y del desuso de las cosas por un lado y, por otro, todo el rollo de lo doméstico y lo femenino. Yo tiraba cosas en la puerta de mi casa en Bellavista y me ponía a hacer videos de cuando ellos las recogían. Entonces siempre está el tema del uso y el desuso, del abandono y la reincorporación del objeto.

 

CT: Tus años en el retail alimentan todo eso, ¿no? Porque tienes una conciencia muy plena de la cantidad de objetos que se producen, cómo circulan, cómo se consumen.

CV: De todas maneras. Después hice un proyecto que se llamó Duermo al amparo del arte. Y después de una serie de fotos, empecé a bordar sobre papel mural, escribiendo: duermo al amparo del arte. Estamos hablando del sueño también, estamos hablando de cómo te acoge, pero la imagen más que un gallo durmiendo, era casi como de un hombre muerto. Y ese proyecto continúa hasta hoy, pero como un proyecto fotográfico. Luego, en ese mismo periodo comencé a ocupar la lana de los interiores de los colchones, su carne, y empecé a desarrollar ciertas figuras como el cuadro de la silla que vieron antes. La dibujé en un cholguán y la empecé a pegar, pero ninguna de las lanas está bordada, están pegadas con cola fría. Es una cuestión súper precaria y artesanal. De ahí empecé a forrar teteras y ollas con lana, armaba bodegones entre otras cosas.

 

CT: Te has ido dando varias vueltas…

CV: Si, ¡por supuesto! Yo no tengo un plan, la vida me trazó uno, creo que lo importante es mirar ciertas cosas y seguir tu instinto. Después, con el tiempo, entendí un poco de donde venía todo esto. Ponte tú, cuando era chico mi mamá siempre estaba detrás de la máquina de coser. Hacía polleras escocesas, ropa. De adolescente tuvo un taller de costureras, entonces de muy chico tengo el recuerdo del sonido de la máquina.

 

CT: La mayoría de los artistas que hemos entrevistado evocan un momento de la infancia…

CV: Demás que si, para mi esto tiene que ver con una memoria bajo 10 capas, la memoria olfativa, la memoria del oído y la memoria táctil también, algo que no pasa por el intelecto, sino que es netamente sensorial… -Cristián toma una pausa, mira la luz de la tarde que ingresa al taller, y nos sigue contando. Después de un tiempo me puse a pensar en toda la gente que hace textil en distintas culturas y tradiciones e hice una serie sobre los oficios textileros, la bordadora, tejedora, etc… son trabajos que me interesan porque juegan con la pintura, la fotografía, el bordado y la gráfica. Me pasó eso sí que me aburrí de todo el esteticismo recargado que uno a veces ve en esta nueva generación de artistas textileros, que están más cerca de lo decorativo. Entonces volví a las culturas antiguas, tratando de volver a los orígenes de las cosas. Ahí comencé a concentrarme más en mí, en re-mirarme, en pensar qué estoy haciendo y qué quiero hacer. Todo lo que veía en ese periodo me parecía sobrecargado y siútico. La verdad es que no me considero un textilero per se, soy una persona que vive no más. El arte es una manera de enfrentar la vida ¿cachai? y si por algún momento estás trabajando el formato textil, está bien... el textil me sigue pareciendo interesante, pero especialmente para hablar del tejido humano.

 

CT: ¿Y hace cuánto tienes este espacio de taller? ¿Trabajas siempre solo?

CV: Estoy aquí hace dos años y a veces trabajo con ayudantes, depende de la pega.

 

CT: ¿Y nos podrías contar un poco de la obra que estás desarrollando ahora?

CV: Bueno, el texto bordado que ven viene de las Cartas al joven poeta de Rilke y esta habla justamente de la esencia de un artista que esta conectado con su ser…

 

CT: ¿Y lo vas a bordar completo o lo vas a dejar bordado de modo parcial…?

CV: Quiero darle la dimensión de la curvatura de la página, quiero trabajar las profundidades y las distancias, entonces quiero llegar hasta un gris bien oscuro.

 

CT: Estás volviendo un poquito al textil entonces…

CV: Si, pero súper de a poco. A pesar de lo que dije antes es un mundo que me encanta y además tiene que ver con un tiempo meditativo importante para mí. Bordar tiene eso, es algo que no tienes que pensarlo, simplemente lo vas haciendo. Mira, en este otro trabajo teñí la tela con reserva de vinagre, el tinte es eucaliptus y vitralux verde, que se usa para proteger el exterior de las casas, una mezcla bien rara. Va a formar parte de una pequeña serie de citas a cuadros clásicos que representaron lo mismo, al bordador o al tejedor, con Velázquez, Millet…

 

CT: Tienes otras piezas más pequeñas y abstractas ¿podrías hablarnos de ellas?

CV: Esta es sobre la geometría, la dirección, la limpieza de las cosas. Me pareció interesante desde el punto de vista del color, y me gustó instalarla ahí donde la ven ahora, es decir, pensar cómo se relaciona con las otras piezas que tengo ahora en el taller y que estoy preparando para una exposición este año en Galería Animal cuyo título será “No pertenezco a ningún lugar”. Desde un punto de vista formal, uno se pregunta ¿qué tiene que ver una cosa geométrica muy limpia con esta otra como muy sucia, más desastrosa? Eso es justamente lo que quiero que suceda… que se produzca ese encuentro. De modo especial, me interesa salirme del objeto y hacer hincapié en los procesos y la observación de lo que me rodea. 

Crónicas textiles presenta entrevistas, portafolios y episodios del arte textil contemporáneo en Chile.

Proyecto financiado por los Fondos de Cultura de Chile.

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