FRANCISCA ROBLES
Santiago centro, junio de 2018

Francisca Robles realiza desde hace algunos años muñecos textiles bajo el nombre de “Musgo Amigos”. Inspirados en una tradición familiar, a través de sus muñecos ha ido explorando diversos modos de hacer y pensar el textil. Junto a su obra, también tiene una práctica consolidada como ilustradora, acercándose delicadamente desde el textil tanto a narraciones dedicadas a la primera infancia  como a temas difíciles de la historia reciente de Chile.

Una mañana fría nos dirigimos al taller de Francisca Robles en Santiago centro, en donde comparte espacio con otras artistas dedicadas a la ilustración y al textil. Ingresamos a un edificio antiguo, ubicado en una calle tranquila y sin ruido. Retazos de telas y muñecos abundan en el espacio en el que nos recibe la artista. En esos días, está realizando un taller y sobre la mesa en la que nos acomodamos podemos observar algunos de los ejercicios de sus alumnas, más algunos de los bocetos que está realizando para una exposición individual en el Museo de Artes Decorativas. De a poco, comienza a mostrarnos sus obras e ilustraciones. Así se inicia nuestra conversación.

 

CT: Nos gustaría comenzar preguntándote sobre tu formación y cómo empezaste a trabajar en textil.

FR: A ver, estudié arte en la Universidad Católica, pero la verdad es que tenía súper metido el textil en mi imaginario, porque mi abuela y su hermana hacían muñecos, esa es mi herencia. Mi abuela tenía ocho hijos, y cada hijo tenía muchos hijos, entonces éramos muchos primos, y para navidad nos hacía unos muñecos ¡increíbles! Grandes, pesados, y uno diferente para cada nieto, entonces todo el año se dedicaba a hacer muñecos con reciclaje, porque las telas eran de un abrigo, les tejía un chalequito…

 

CT: ¿Y los inventaba ella o tenía patrones?

FR: Inventados por ella. La forma original no sé, pero igual ella siempre escribía cuentos para niños… y bueno, su hermano era el ilustrador del Peneca, Coré, entonces tenían un imaginario súper potente. Entonces  mi abuela, María Silva Ossa y su hermana, la tía Gabriela, se dedicaban todo el año a esta producción de muñecos, y para mi era súper fuerte navidad, esperar ¡qué muñeco te iba a tocar a ti!

 

CT: ¿Y todos los años te regalaba un muñeco?

FR: Todos los años, hasta que ya, cuando fue más viejita… bueno, ahí después la técnica empezó a flaquear un poco, porque antes eran ¡increíbles! y después ya más chiquititos, pero siempre estaba esta emoción del regalo, era muy lindo.

 

CT: ¿Y esos muñecos los tienes hasta el día de hoy?

FR: Sí. Tengo uno que no está en tan buen estado. Mis primas son más cuidadosas y los tienen impecables, y una prima que no vive en Chile, más todavía, porque para ella el muñeco es Chile. Yo soy más desastrosa, y es bonito pensar que cada primo guardó los suyos de alguna manera… refleja la personalidad de cada primo.

 

CT: ¡Qué lindo lo que nos cuentas!

FR: Si, yo viví con mi abuela, entonces quizás no los veía como algo tan preciado, pero para los que estaban más lejos, son una joya. Entonces crecí con los muñecos, y para mi era obvio que uno hace un muñeco para alguien. A mis amigas yo les hacía muñequitos en el colegio, como que lo daba por hecho. Y todo esto sin pensarlo mucho, yo no pensaba que era una artista, nunca me imaginé que me iba a dedicar a esto.

Cuando entré a Arte no había especialización, y justo estudié en una etapa súper conceptual, donde los oficios estaban muy mal vistos. Era muy penca… ahora se está viendo todo lo del machismo, pero el machismo era pan de cada día en nuestra escuela, una lata. Se burlaban mucho de las “niñitas”. “Niñitas ¿qué hacen acá?”, “las niñitas”, entonces, siempre teníamos que defender que éramos inteligentes.

 

CT: ¡Ay, qué lata más grande!

FR: Y yo leía mucho y me interesaba lo conceptual y la teoría, pero también tengo un acercamiento al oficio que es muy importante para mi. Y hasta por rebeldía, un poco, el examen lo hice en acuarela, súper bonito. Y el profesor guía me decía “pero ¿cómo vas a hacer acuarela?” Así como “¡te van a destrozar!” como “niñita acuarela” y yo “¡voy a hacer acuarela por lo mismo!”

 

CT: Ya, pero, muy bien, tratando de instalar el tema que te interesaba.

FR: Claro ¡porque me molestaba mucho!

 

CT: Pero en esa época entonces no estabas haciendo muñecos ni nada parecido.

FR: No, pero uno de los ramos básicos de arte era Plástica y ahí tú proponías lo que querías hacer, y justo en mi casa cambiaron las cortinas, mi casa tenía ventanales muy largos. Las cortinas estaban viejas y yo las rescaté y con eso hice todos mis primeros trabajos de plástica.

 

CT: ¡Ah! Qué buena

FR: Sí. Pero la verdad yo era muy volátil, y no me daba cuenta del por qué de elegir el textil como material, sentía que el material lo tenía ahí a mano y que me ahorraba tener que comprarlo. Ahora me doy cuenta que venía con una carga súper potente con el textil y con la acuarela también por mi tío abuelo. La cercanía con el textil me permitía expresar sensaciones. Además, lo que me gustaba a nivel material es que no había pegamento, no había nada duro, como alambre o cosas así. Y de ahí empecé a hacer muchas entregas en textil en la escuela. Después, con los años, me cambié a grabado y después a acuarela y mi trabajo devino en algo más gráfico y terminé siendo ilustradora más que artista. Y cuando salí de Arte, después de unos años, me metí a la ilustración, ¡pero antes del boom! Me puse a ilustrar, y ahí empezó lo de las redes por internet, y eso a mí me salvó.

 

CT: Te ayudó mucho

FR: Sí ¡heavy! Si no, yo no sé qué hubiera hecho. Y tenía ene amigos cineastas, músicos, entonces yo les ilustraba los flyers, ponte tú. Se empezaron a hacer ferias, empezó la onda de los fanzines, pero menos punk y más de diseño. La cosa es que había ferias de fanzines, comida vegana, no sé qué, y yo na’ que ver con esa onda, pero había ferias en el Centro Arte Alameda y yo quería participar. Yo tenía ganas de estar ahí… ¡no sé, me llamaba la atención! Entonces inventé los muñecos, porque dije “ya, ¿qué hago?” Claro, porque era como “vegana, reciclaje…”, y yo “ya, voy a hacer unas muñecas, y las voy a hacer de género reciclado”, entonces, ahí inventé los muñecos e hice un blog.

 

CT: Y ahí armaste Musgo Amigos

FR: Claro, ahí inventé Musgo Amigos y fui a la feria, eso fue como en el 2006.

 

CT: ¿Y por qué se llama Musgo Amigos?

FR: Creo que era por musgo, porque salía de cualquier parte, porque tenía los retacitos, era como la onda del musgo, del musguito que brota… Y “Amigo” como por algo tierno, fue un juego más que nada. Hice los muñequitos y empecé a ir a las ferias y en verdad era cero… me demoraba cien años, ahora ya perfeccioné la técnica. Era raro estar en la feria, eran tocatas hardcore, muy under y nadie compraba. Pero ahí estaba y veía los mesones, vi las ediciones de GranNegro, yo no conocía fanzines así y me fascinaron, y les dije que quería ilustrar algo, y me dijeron “ya, obvio, hagamos un fanzine” y yo “ya”, empecé a alucinar con la onda de la autogestión y autoedición de diseñadores que había en estas ferias. Y feria, feria, feria, y de repente te empiezan a publicar en la revista Paula un muñequito, y me empezaron a llegar encargos, y una de las personas que me empezó a encargar era la Camila Rojas de Editorial Quilombo.

 

CT: Ahh, fue súper orgánico el proceso entonces.

FR: Si, entonces ella me encargaba muñequitos y de repente me dijo “ilustremos un libro” y yo “ya, bacán, ¿lo puedo ilustrar en textil? Y así mezclo las dos cosas que estoy haciendo” y me dijo que sí, y entonces hicimos Voy. Hice un textil largo, La idea era que no necesitara texto y que contara una historia en un lado y otra historia en el otro. Hice “Un viaje en bicicleta”, uno por la ciudad y uno en el campo, o en la naturaleza…

 

CT: ¡Están súper lindos!

FR: Esto fue el 2012 y en este proyecto uní las dos cosas que me gustan: el textil y la ilustración o la narrativa. En esa época estaba investigando sobre las arpilleras y lo que más me alucinaba de ellas era su carácter narrativo. Son bordados, textiles, pero lo más importante es que son documentos y eso me rayaba. Además me llamaba la atención que fueran una artesanía urbana de la Región Metropolitana, aunque no todas, obvio.

 

CT: Oye, pero en relación a las arpilleras, ¿estabas trabajando con grupos contemporáneos de arpilleristas?

FR: No. Lo que hice fue leer más que nada, estudiar las imágenes, sobre todo las que tenían harta carga política.

Pero vuelvo al pasado ahora… onda 2008. Justo en esa época trabajaba mucho haciendo clases en la universidad ¡muchas clases! y sentía que me faltaba desarrollar obra. Entonces dejé todo y me fui tres meses a Suecia donde tengo familia. Y allá estaba pasando todo lo que está pasando ahora aquí en Chile a nivel de artesanía contemporánea. Entonces me fui con los muñequitos, contacté gente, me puse en una feria y cuando estaba en la feria, veía que las otras mujeres hacían clases y se llenaban y bordaban, y yo “¡ooh, qué alucinante!” Y ahora es súper normal que yo haga una clase en mi taller y tenga muchas alumnas, pero antes no. Y pensé… “¡Esta es mi vida!” “esto es lo que yo necesito”.Y mientras estuve en Suecia se dio algo muy lindo. Mi familia se fue por temas políticos, las mujeres que estaban allá supieron que hacía muñequitos, entonces terminé juntándome con señoras chilenas que se fueron en los 70, y bordábamos, hacíamos muñecos y conversábamos. Después me llamaban otras mujeres y amigas y me regalaban materiales, me mostraban muñequitos…

 

CT: Qué bonita la onda que se empezó a generar, como de espacio comunitario…

FR: Sí, y era alucinante. A veces me llamaba una señora cualquiera y me decía “ven hoy día, vamos a hacer tecito…”. Mucha buena onda, mucha empatía. Y todo ese proceso cambió algo, porque antes pensaba, mirando las muñecas “¿cómo lo voy a hacer?” “¿cómo las voy a vender, quién me las va a comprar?” y nada, todo se dio. Todo se dio en gracias a esas redes, pero también ¡gracias a internet! Y en eso al volver empecé a hacer talleres. Y… eso ¡Ah, bueno! Y a la vuelta, el 2012, el libro que les mostré, y después con Quilombo salió este otro, que es sobre los últimos días de Víctor Jara.

 

CT: Y ¿ese libro cómo surgió?

FR: La editora tenía el texto y lo postuló a un FONDART y me pidió que lo ilustrara. Lo postulamos dos veces, el primer año no salió, el segundo sí. Es un tema difícil, es un libro difícil. En este libro los textiles son súper apagados, los colores… Me inspiré en las arpilleras más brígidas. Aquellas en las que una ve que están tan afectadas emocionalmente, que casi no tienen composición y tienen muy poco color. Quería mostrar también que los militares eran, algunos, unos cabros chicos, que los mandaban y no cachaban… quería dar cuenta del susto y angustia de todos. En relación a las arpilleras, estuve harto rato pensando en los colores de esa época y sobre todo en el significado de la tela. Algunas arpilleras se hacían con ropa de los desaparecidos. También me acordé mucho de las historias de algunos profesores. Me acuerdo de uno, por ejemplo, que reconoció a su hermana haciendo hoyos en el desierto. Ella usaba una ropa súper a la moda y encontró trozos de textiles en el desierto, encontró a su hermana, ¿cachai? Entonces todo eso pensaba cuando hacía estos textiles, intentaba que la tela pareciera ropa más que tela, no sé cómo cómo explicarlo.

 

CT: Qué bacán ver esto… son preciosos.

FR: Y bueno, para mi fue interesante esta evolución, de pasar del muñeco al impreso porque se masifica. Y… bueno, eso, siento que para mi todo se ha dado muy fluido, y lo que me gusta es que, con los años, me doy cuenta que siempre he tenido un mismo objetivo, y voy dando vueltas alrededor de eso. Creo que mis procesos han sido súper coherentes, ha sido rico. Y encontrarse con gente, por ejemplo, con una editorial que invierte, que quiere, que se arriesga, porque cuando la Camila me decía “dale con textiles”, y yo “pero, ¿tela, tela?”, “sí”, “pero se va a notar la tela”, “es que ahora lo normal es ver una ilustración así”, pero antes yo no sabía. Y yo le decía “pero ¿y las hilachas?”, “¡sí, que se vean las hilachas!” y yo, “ya po, güeno”. 

 

CT: Qué bien trabajados estos textiles, Fran

FR: Gracias. Hay dibujo, ¿se dan cuenta? Después elegí colores básicos, quería que el color se viera como cortado, y después volvía a recortar la pieza, y agregué otro color. Bueno, eso, y después de eso quedé un poco encasillada como “ilustradora textil” –se ríe. Igual ahora estoy armando dos libros con una escritora francesa, con textos muy lindos, y ahí ya me estoy liberando un poco más. Reconozco en todo caso que he estado tan metida en la ilustración, que no he tenido tiempo de hacer arte, que es un poco más reflexivo. Por suerte ahora tengo un FONDART para hacer una exposición con objetos textiles.

 

CT: ¡Qué bien! ¿Y dónde vas a exponer?

FR: En el Museo de Artes Decorativas en agosto. Es un FONDART de creación en artesanía, y estoy haciendo piezas inspiradas en los objetos del museo. Hice un taller en el que el público veía las piezas como si estuviéramos en el living de la abuela, entonces hablamos de los recuerdos, la parte afectiva de los objetos. Y de repente alguien decía: “¡mi abuela tenía ese! Y me acuerdo que yo jugaba a…” entonces les preguntaba “¿a qué jugaban con los adornitos de los abuelos? ¿qué se imaginaban?” entonces estoy en eso, armando las piezas, fijándome en las texturas… ahí tengo los bocetos de las cosas que voy a hacer. Y aprovechando el vuelo, escribí una historia sobre una niña que va a jugar donde la abuela y empieza a jugar con una cerámica que toma vida, y empieza la historia de la cerámica y bueno, ¡ahí ya tengo para rato!

 

CT: ¿Y de dónde vienen las telas que usas?

FR: ¡Ah! Me llegan siempre. Algunas las compro para las clases de las alumnas y me van quedando. También me pasa que a veces fábricas o gente que tiene tiendas de ropa me escribe porque no saben qué hacer con sus retazos y me los vienen a dejar; otra niña que trabajaba diseñando la ropa de casa de Ripley suponte, o algún retail, me dio muchos retazos… así he ido logrando una buena colección.

 

CT: Nos damos cuenta que trabajas mucho en colaboración con otras personas, pero los textiles ¿los haces sola?

FR: Sí, sola, soy súper mala para delegar. Además que mis procesos son bien espontáneos. En una época me decían que tenía que hacer que Musgo Amigos “creciera como empresa” y que debería haber contratado a alguien para que cosiera los muñecos, pero nunca pude porque bueno… me gusta hacerlos… y al final también trabajo en otras cosas, no es mi único ingreso, y hago encargos, y me encanta. Me gusta mucho lo que hago.  

Crónicas textiles presenta entrevistas, portafolios y episodios del arte textil contemporáneo en Chile.

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