NIDO TEXTIL
Santiago, septiembre de 2018

Nido Textil es una agrupación de mujeres que se reunió por medio del textil y del trabajo en comunidad. Juntas gestan encuentros y talleres en los que experimentan con diversas técnicas, desde oficios textiles ancestrales hasta instalaciones en el espacio público los que comparten con miembros de la comunidad e interesados en el quehacer textil. La práctica les ha dado el espacio y el tiempo para relacionarse con otros y reflexionar desde el hacer.

Las Nido Textil son un colectivo de espíritu nómade y de la misma forma se desarrolla esta entrevista. A lo largo de varios encuentros y conversaciones nos van contando sobre los orígenes de la agrupación, del espíritu que las congrega, los proyectos en los que han participado y cómo se ven colaborando entre ellas y otras personas a futuro.

CT: ¿Cómo surgió Nido Textil?

NT: Nosotras nos auto-organizamos primero como un grupo que nombramos como Cooperativa de Oficios. En sus inicios, nos reunimos desde el hacer y las prácticas que cada una había estado desarrollando. El textil nos reunió. Hemos sido muchas las que hemos sido parte y nutrido lo que hoy se conoce como Nido Textil.

Un antecedente de los vínculos que llevaron a la formación del grupo fue un proceso de apoyo a la diversidad funcional intelectual en situación de pobreza. Las relaciones y los aprendizajes en este espacio nos dieron una mirada del arte que no nos había entregado ninguna escuela: el potencial del arte como herramienta expresiva, a la vez que aglutinadora de grupos y articuladora de redes. Aprendimos que el arte otorgaba la libertad para encontrar lenguajes propios no limitados por técnicas o discursos, y un espacio de comunicación y encuentro con los otros a través de los materiales, con las pinturas, con los papeles, etc. Otro antecedente común fue el autoexilio del arte contemporáneo en el que varias transitamos luego de salir de las escuelas de arte. En ese proceso, nos dimos cuenta que éramos hartas las que caminábamos en esa dirección y coincidentemente nos habíamos estado dedicando al textil, de distintas maneras.

Lo primero que hicimos fue un blog. Salíamos a la calle con máquina de coser, telas, tejidos, comida, hilos y lanas. Fueron experiencias que no se olvidan, y que nos permitieron comenzar a realizar una práctica textil en compañía, invitando a amigas y amigos en el proceso y sintiendo la movilidad que el oficio permite. Luego tuvimos nuestro primer taller en la calle Pocuro, en Providencia. Pudimos organizarnos para obtener recursos de implementación de nuestro espacio y para viajar a conocer otras personas, escuelas y agrupaciones que trabajaban con ideales similares, permitiéndonos congregarnos, compartir nuestros saberes y recordar una memoria heredada y viva. En esos tiempos éramos alrededor de siete integrantes. Fue un gran desafío. En ese momento también agregamos el nombre Nido Textil para darnos mayor identidad y para representarnos. A partir de nuestras mismas redes llegamos a Paulina Brugnoli, amiga, maestra y gran referente para nosotras. Gracias a Paulina activamos el espacio en Lastra 1047 en la comuna de Independencia, hábitat totalmente diferente al anterior, pero lleno de estímulos que nos fueron envolviendo. En este espacio seguimos desarrollando talleres tanto dentro de la casa como en el territorio de la comuna.

Actualmente volvemos a ser nómades, los ciclos de cambios constantes y viajes nos permiten acceder a diferentes lugares y conocer distintas personas. Somos tres las integrantes que continuamos: Javiera Asenjo Muñoz, Daniela Hauri Romero y Pilar Godoy Cortez. Vivimos en distintas regiones, donde cada una tiene sus propias inquietudes y búsquedas, esta nueva etapa nos ha llevado a organizarnos de nuevas maneras. Sin embargo, nos reúnen los proyectos que gestamos o a los que nos invitan, en donde vamos aprendiendo día a día a relacionarnos entre nosotras y con todas las personas que van apareciendo en nuestro camino.

 

CT: ¿Qué aprendieron de la experiencia de trabajo con personas con diversidad funcional?

NT: Aprendimos mucho, aprendimos a ampliar nuestros lenguajes. El lenguaje verbal era distinto y eso nos llevó a abrimos a otras escuchas, otros timbres, otras modulaciones y sonoridades; también desde el lenguaje gestual ampliamos nuestros registros; y desde lo artístico y creativo fue todo un mundo nuevo. Por una parte, era estimulante e interesante ver la libertad con la que la mayoría de los participantes se relacionaba con los materiales, los imaginarios que aparecían y los que se mantenían. Esto nos impactó profundamente, en gran parte porque veníamos de escuelas de arte donde nos habíamos sentido en una burbuja de referentes norteamericanos y europeos, apretujadas por un modo de hacer arte donde no se incluía la experiencia íntima de la persona, y donde el clima del sin sentido del arte y de la primacía de su inutilidad nos dejaba desarmadas. En este otro contexto, sentíamos que se completaban sentidos, que se llenaban espacios, que era una práctica viva. Como veníamos de las artes y no de otras disciplinas especializadas en cuidado de personas, abordamos este contexto de maneras muy versátiles, probamos hartas cosas. Y también fue un proceso, que, sumado a otros, nos permitió ir encontrando formas y fundamentos para trabajar con grupos de personas.

 

CT: ¿Qué tipo de proyectos hacen de manera colectiva? ¿Cuáles son los desafíos del trabajo colectivo?

NT: Hemos ido encontrando una metodología que se nutre de la colaboración con maestros artesanos, artistas, investigadores, organizaciones e instituciones, con quienes intercambiamos saberes, para luego transmitirlos a grupos y personas a través de talleres, charlas o exposiciones. Los viajes de aprendizaje también son una manera de agruparnos, de abrirnos a nuevas realidades y convivencias.

 La colectividad es un gran desafío, no es fácil, teniendo además cada una potentes trabajos e investigaciones personales. Sin embargo, es desde allí, desde la problemática a nivel cultural y social de un entorno y tiempo donde se potencia la individualidad, cuando surge la necesidad de complementarnos, de abrir nuestras miradas y diálogos, de nutrirnos, de trabajar la humildad y la escucha, de reorganizarnos y cambiar de piel constantemente.

 Nido Textil se transforma, los caminos se bifurcan muchas veces, pero siempre la huella de cada pájara de este nido permanece como referente constante en nuestro andar. Aprovechamos de agradecer y visibilizar a las grandes mujeres creadoras que han volado y puesto su energía, trabajo, y compromiso en distintos momentos. Agradecemos en especial a Daniela Pizarro, Eleonora López, Paula Yañez, Francisca Robles, Cindy Vidal Montt, Paloma Prado, Yumi Sone y a quienes de alguna u otra manera han participado y colaborado para que sigamos ahora explorando y trabajando, abrazadas por el textil.

 

CT: ¿Cómo llegaron a reunirse con Paulina Brugnoli y cómo se desarrolla esa práctica?

NT: Algunas de nosotras comenzamos a visitarla para conversar sobre proyectos personales, luego empezamos a asistir a las sesiones de tejido en su casa y después habitamos colectivamente el espacio donde ella vivió y tuvo su taller textil. Esa cercanía nos ha permitido comprender varias cosas. Por una parte, el tejido, como una práctica que genera un pensamiento, que habilita la relación con un mundo interno, que tiene un potencial expresivo donde cada persona puede encontrar un lenguaje propio. Paulina nos ha devuelto una imagen de grupo donde no tenemos que ser todas iguales u homogeneizarnos, sino que siempre ha valorado lo diferentes que somos cada una.

Por otra parte, siempre nos ha mostrado que las personas son más importantes que las técnicas y las cosas. Esta idea es algo que nos resuena mucho, y en ese resonar hemos seguido reafirmando nuestra visión de colectivo, en que, si bien transmitimos técnicas y realizamos procesos pedagógicos, entendemos que hay un proceso personal que está primero que un logro técnico, porque el textil es un oficio y creemos profundamente que la práctica es una importante maestra.

Junto con esto, la Pauli tiene una mirada sobre lo común y la comunidad, que nos ha permitido ampliar y profundizar nuestra visión del textil. En general, ella nos nutre continuamente, nos abre puertas, nos alienta y motiva a seguir en este camino de comprender el tejido como un organismo; como una red que nos une y que nos ayuda a  comprendernos en esta sociedad.

 

CT: ¿Qué características otorgan ustedes al textil como medio de creación? ¿cómo dialoga con el trabajo colectivo?

NT: Sentimos y pensamos el mundo como un tejido, y el oficio textil como una herramienta de transformación social. Es decir, la práctica del textil, en su amplitud de técnicas, procedimientos, estructuras y significados, nos permite pensar el mundo y las relaciones humanas, como una red que en muchas partes está rota, destejida, desvinculada. A través del textil podemos zurcir, retejer lo que se ha olvidado, lo que duele, lo que anhela ser compartido. Por eso ponemos tanto énfasis en el proceso personal y grupal cuando facilitamos talleres o actividades. Nuestras creaciones están atravesadas no sólo por materiales o técnicas sino por procesos de personas que cultivan esas técnicas y por sus historias. En este sentido el textil es un ejercicio de memoria, nos permite recordar nuestras y otras biografías, las historias de los pueblos y los territorios. El textil nos ha dado la apertura y espacio para tener presente el entorno en donde vivimos, el cuidado de la naturaleza, de dónde vienen los materiales, qué vamos a hacer con lo elaborado y ser conscientes de qué y quienes nos rodean. A esto se suma el tema del tiempo. Valoramos la cadencia del textil, que da un ritmo particular, una calma, y que en ese tiempo se crea un espacio donde parece que ya no queda. Al principio una cree que puede hacer todo más rápido, pero el textil te lleva a un ritmo pausado. Estamos hablando de técnicas y procedimientos manuales, no de procesos industriales, y casi ni de máquinas de coser, sino de tejido, al que nos hemos acercado en el último tiempo de distintas maneras. Este tiempo es un refugio en el mundo contemporáneo, el textil nos acoge, nos da un respiro y un cobijo. Es una resistencia, pero una resistencia del cuidado.

Cada experiencia con el textil la abordamos creativamente, en el sentido de explorar libremente, de recibir los métodos de quienes nos enseñan, para luego seguir buscando las maneras en que orgánicamente eso se mezcla con nuestros imaginarios y preferencias. Luego, pensamos cómo se podría compartir esto con otras personas, ya el hecho de trabajar en colectivo, nos pone en un escenario de relaciones colaborativas y es por eso que nos gusta hacer cosas juntas. Entonces, antes de lanzarnos al juego de facilitar las sesiones, hay un tiempo dedicado a tejer las inquietudes de cada una, los deseos, las habilidades, las dudas, las aprehensiones, e imaginar las de las personas que vendrán.

Son muchas capas las que coexisten en el trabajo colectivo, son diferentes los procesos largos de los más cortos. Algo mágico sucede con el textil, que siempre invita. Su calidez, textura, cuerpo, colores, diseño, dedicación y energía puesta en un artefacto textil nos hace recordar de dónde somos o quién nos enseñó, a quién le compartimos, y cómo este arte trasciende generaciones.

 

CT: Cuéntenos sobre Laboratorio Textil desarrollado en el verano en el Centro de Arte Contemporáneo de Cerrillos

NT: Fue una invitación que nos hicieron con toda la libertad de crear y compartir un espacio de laboratorio para explorar lo que quisiéramos, para sintonizarnos y materializar metodologías, tiempos, diálogos. A partir de esto, probamos cosas nuevas, pusimos en juego ideas que habían estado en el imaginario hace tiempo, jugamos con la idea del equivocarse, de soltar las premisas iniciales y perdernos, para volver a retomarlas después de una manera enriquecida.

Nos propusimos y logramos hacer dos cestas grandes, una embarrilada en técnica aduja con material reciclado, y la otra de una estructura de mimbre tejida también con retazos. Al inicio nos hicimos una pregunta, sobre los pájaros en relación con un cielo cruzado por aviones, y si bien la pregunta no fue respondida, nos abrió una atención y un espectro de curiosidades en torno a las aves, sus nidos y sus migraciones. Esto lo pudimos abordar de manera más concreta en la última sesión, donde cerramos el proceso reflexionando sobre los objetos, las implicancias ecológicas de su manufactura, la circulación y el desecho; sobre los tiempos del hacer y los tiempos del textil, sobre el estado emocional de tejer en comparación al de ir a un centro comercial a buscar las ofertas; y en general, de nuestras acciones en relación con el entorno donde vivimos, ya sea natural o urbano.

Los objetos que resultaron de este proceso fueron hechos por muchas manos. Sin todas esas manos no hubiesen aparecido aquellos objetos. Lo colectivo en este proceso, fue que en ese hacer, donde acompañadas entre todas, fuimos nutriendo ese estado tan exquisito que es crear. Y en ese hacer, aparecieron las diversidades de gestos, de colores, de tensiones de hilo o tela y las conversaciones. Una pequeña parte de estas conversaciones fue rescatada, escrita y pegada en la pared, junto a otros textos que a nosotras nos han servido para pensar nuestra práctica.

Este hacer cosas junto a un otro/una otra, siempre nos trae una novedad, un ajuste, un aprendizaje técnico o emocional. En este sentido, si bien teníamos líneas e ideas al principio, el resultado fue una acumulación y un crecimiento, más o menos visible, de momentos compartidos. Agradecemos mucho al equipo de Mediación del Centro de Arte Contemporáneo de Cerrillos, por la confianza y libertad que nos dieron.

 

DT: ¿Nos pueden contar de otros proyectos recientes en los que hayan participado?

NT: El año pasado pudimos ir a México, fue un viaje muy poderoso desde lo político, social y referencial. Conocimos y convivimos con distintas realidades, con grupos y personas de la gran urbe que es Ciudad de México, donde confluyen artistas, artesanos, diseñadores, investigadores, migrantes, viajeros, un sinfin de historias todas pasando a la vez.

Visitamos Oaxaca, Teotitlán del Valle, con sus colores, tradiciones, comidas y fiestas. Vivimos en Chiapas conociendo comunidades de artesanas indígenas de las montañas en resistencia, donde el textil es realmente una herramienta que a muchas les ha permitido vivir, pero luchando y asumiendo graves consecuencias de abusos, violencias e injusticias.

El mismo 2018 en Chile, tuvimos la experiencia de compartir con un grupo de grandes mujeres de la comuna de Independencia con quienes estuvimos desarrollando un curso de elaboraciones textiles, desde tintes a bordado y tejido.

Actualmente estamos realizando un trabajo junto al colectivo Decimos Tejiendo, en el Centro Cultural de Til Til, donde cada semana abrimos un lugar que nos está invitando a experimentar, asombrarnos y reflexionar, a través de un viaje en el que abordaremos procesos de teñido, pintura, bordado y tejido. También participaremos en el mismo lugar de una exposición llamada “Arte Textil Hoy” entre mayo y junio de este año, donde cada una mostrará su búsqueda personal desde el textil en conjunto con trabajos de Paulina Brugnoli y las compañeras de Decimos Tejiendo, para visibilizar esta práctica tan potente que nos hace transitar desde periodos antiquísimos hasta nuestros días. 

Crónicas textiles presenta entrevistas, portafolios y episodios del arte textil contemporáneo en Chile.

Proyecto financiado por los Fondos de Cultura de Chile.

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